Caminante por la ciudad de Cordoba y la Tienta – ProyectoGarlo Córdoba

Caminante por la ciudad de Córdoba y la Tienta.

En un despiste de Rebecca, me puse a escribir en el Diario del Arte mi camino por Córdoba rememorando acontecimientos recientes sobre la Tienta
La Union Ilustrada 24 enero 1915 – ProyectoGarlo Córdoba
La Unión Ilustrada 24 enero 1915, donde aparece fotografía del hecho histórico.
Aquí con alevosía y secretismo he podido robar el diario del arte a Rebecca, mientras ella está con Eustaquio y Gertrudis ayudándoles con el itinerario por Tokyo, yo estoy escondido en la mesa más profunda de la Biblioteca de la casa, escribiendo algunas anécdotas actuales de mi paseo por las Esculturas de Córdoba y un pasaje literario del insigne Eduardo Zamacois. He estado un buen rato en pensamiento en «blanco», hasta que tomé la decisión ante la belleza de esta revista La Unión Ilustrada, enero 1915, donde encontré una fotografía con una destacada leyenda a pie de foto, que nos dice así: «Córdoba: Asistentes a la tienta de reses bravas de la ganadería de Sotomayor, (x) entre los que figuran Eduardo Zamacois y los hermanos Romero de Torres, rodeados de los artistas que sirvieron para impresionar la película. Fot. Montilla» La he puesto como portada de la publicación, siguiendo los parámetros de ProyectoGarlo. Ahora voy a transcribir este sabroso documento literario – histórico sobre este evento relacionado con la Tauromaquia en Córdoba, allá en el año 1915, queridos Lectores dice así: «Estamos frente al hotel Simón, en el paseo de Gran Capitán, esperando los coches que han de llevarnos a la ganadería de D. Florentino Sotomayor, situada al Oeste de Córdoba y a ocho o diez kilómetros, próximamente, de la ciudad.
Vienen con nosotros tres toreros auténticos: Patatero, de brillante historial; el novillero Alvarito y Bocanegra. Los demás excursionistas pertenecen a una compañía de comediantes impresionadores de peliculas, que van a filmar una cinta con las interesantes escenas preliminares de la lidia : tienta, apartado, derribo, etcétera.
Son las ocho de la mañana, y los rayos del sol pasan todavía demasiado altos; el frío llega a la carne. Las actrices ya están peinadas como el mujerío andaluz acostumbra hacerlo para ir a los toros, con los cabellos muy rizados y traídos hacia la cara, y sobre la cabeza una peineta de carey, alta y de complicados y sutiles dibujos. Los hombres visten según la indumentaria clásica del país: de chaquetilla corta, pantalón ceñidísimo y abierto un poco más abajo de la rodilla, botas jerezanas de cuero amarillo y sombrero ancho.
En tales momentos, el zaguán y la acera del hotel Simón parecen los bastidores de un teatro; tienen la animación, la inquietud nerviosa, el aturdimiento que la farándula lleva consigo. Todos los artistas están contentos: es la alegría del oficio, la alegría de verse «vestidos» y mirados. Infatigable y previsor, el empresario con su sombrero de tela impermeable puesto de cualquier modo, va de un lado a otro, deteniendo en cada artista una mirada inquisitiva y llena de preguntas.
Llegan los coches y la alborazada caravana se distribuye en ellos; hay voces, risas y elogios, nunca exagerados, a los encantos que, entre revuelos de encajes, las actrices descubrieron en el momento de ganar los estribos. Todos los asientos quedan ocupados. Estamos «los cabales», como dicen en Córdoba. Nos miramos, contándonos. ¿No falta nadie?… No; nadie falta.
JULIO ROMERO DE TORRES 1930 – ProyectoGarlo Córdoba
LA JUVENTUD QUE PINTA JULIO ROMERO DE TORRES 1907 jpg – ProyectoGarlo Córdoba
A la vez las largas trallas crepitan como cohetes. Varias caras desconocidas, de mirones que se habían detenido para vernos partir, nos sonríen afectuosas. Los mayorales, orgullosamente erguidos sobre sus pescantes, agitan el rendaje del ganado y se desgañitan.
– ¡Riá…Riá!… ¡Arre, «Maestro»!… ¡Arre, «Coronel»…
Y los vehículos ruedan tremantes, bamboleándose en la esplendorosa y saludable ufanía azul y oro de la mañana. Ya nadie siente la pena del madrugón: la Naturaleza, riente, llena de savias, soberanamente perfecta y rítmica, nos invade, nos posee, nos invita a vivir.
A intervalos los coches tiemblan rudamente sobre los baches profundos del camino. Entonces las mujeres chillan medrosas y coquetas, y los hombres dicen donaires. La gracia no falta. Alguien, que va mal sentado, dedica un recuerdo a la melena del caricaturista Bagaría.
– ¿Dónde está? – pregunta.
– No ha venido – le responde una voz.
– Si estuviese aquí le cortaba el pelo para hacerme una almohadilla y sentarme a gusto.
La ocurrencia es donosa, y más dicha con el ceceo y lento dejo del hablar cordobés; ríe la gente, ríe el sol…
Julio Romero de Torres con capa espanola – ProyectoGarlo Córdoba
Hemos recorrido ya el paseo de la Victoria, y dejando a la izquierda la vieja puerta de Almodóvar entramos en un espantoso camino lleno de lodo y de bruscos altibajos. A uno y otro lado lozanean chumberas de hojas ovaladas y pulposas, y las piteras, de tallos hostiles, parecen cargar sobre nosotros a la bayoneta. A veces las caballerías se detienen, amedrentadas por la blandura del suelo fangoso, y los mayorales redoblan su exasperado griterio, y los látigos silban como balas sobre las orejas del ganado. Viente veces hemos creído volcar.
Se refieren cuentos oportunos:
– Una vez – dice el fotógrafo Saraguetti ( no respondo de que su apellido se escriba así ) – un señor obispo, de no sé dónde, vino a Córdoba, y quiso visitar las ermitas.
– Ten mucho cuidado – le recomendaron al cochero que había de llevar a su ilustrísima – de no jurar, ni de pronunciar ninguna palabra fea; mira que hables como si al levantarte te hubieses enjuagado la boca con agua bendita…
Así lo prometió el cochero y si, en su deseo de complacer a su ilustrísima, no llamó a las mulas «de usted», le faltó poco. Al principio, como el camino, aunque pendiente, era bueno, todo marchó bien; el mayoral se quebraba de fino; parecía una novicia… ¡Vamos, que a su ilustrísima estarían dándole pensamientos de tomarle por secretario!… Cuando al llegar a una cuesta que llaman del «Reventón», se atascó el coche; y como si esto fuera poco, empezó a hundirse, de manera que el barro tocaba ya al cubo de las ruedas. Asustado el señor obispo quiso apearse; pero no lo hizo porque no había donde poner el pie. El cochero animaba al tiro con gritos inocentes, hasta que empezó a calentársele la sangre.
– Señor obispo -exclamó,- si su ilustrísima no me deja insultar a los santos, no salimos de aquí…
Comprendiéndolo así su Ilustrísima se persignó y tápose los oídos, y el mayoral, echando de una vez, como si se descosiese, todas las blasfemias que llevaba en el cuerpo, sacó el coche adelante…
Vamos cruzando los llanos de la Albaida, propiedad hoy de la condesa de Hornachuelos. A nuestra espalda queda Córdoba; a la izquierda, la vega desciende suavemente hacia el río, y luego, blandamente también vuelve a subir; a la derecha se alza Sierra Morena, y sobre sus taludes obscuros las encinas, distribuidas en grupos, remedan vellones. Delante de nosotros, al término azul del paisaje, el castillo de Almodóvar levanta, desde las postrimerías del siglo XII, la amenaza de sus muros almenados. ¡Oh!… ¿Dónde estará el polvo de los millares de legiones que chocaron contra él?…
GARLO EN EL JARDIN ARQUEOLOGICO DE CASA FAMILIAR JULIO ROMERO DE TORRES 2025 – ProyectoGarlo Córdoba
Numerosos recuerdos de hechos memorables y, perdidos, diluyen en el ambiente una melancolía de museo y nos salen al paso. Enfrentamos la Arrizafa, que el fastuoso Abderramén I, a mediados de la séptima centuria, mandó construir y rodeó de jardines, y donde por su mano, según la tradición asegura, plantó la palmera madre de cuantas después nacieron en España. Más adelante, y como agarrado a la falda del monte, blanquea el antiguo monasterio de San Jerónimo, actualmente propiedad del marqués del Mérito; y abajo, en la planicie verde, atraen las miradas del viajero las ruinas gloriosas de Medina Azhara, o Azhara, simplemente, que así se llamó la favorita en cuyo honor y regalo hizo construir Abderramén III tan soberbio alcázar.
Si hemos de dar crédito a la leyenda -¿y por qué no? -, fue la Azhara un capricho de mujer convertido en piedra como por arte, de birlibirioque y maravilla.
Una tarde, al trasmontar del sol, Azhara, la esclava predilecta del octacto califa, observaba el horizonte con ojos cargados de melancolía.
-¿Qué piensas, qué quieres?-le preguntó su dueño; – ¿por qué estás triste?
Ella repuso, extendiendo un brazo: – Me gustaría poder vivir allá, al pie de la montaña, delante del cielo inmenso y turquí…
Y allí, precisamente en el lugar señalado por su índice, surgió el palacio, que dirigieron los arquitectos más célebres de Bagdad, y sobre cuyo frontis dispuso Abderramén que colocasen la estatua de su favorita, labrada por los mismos artistas bizantinos que hicieron el Mihrab.
Ya va el sol muy alto, cuando llegamos a la dehesa D. Florentino Sotomayor, en persona, acude a recibirnos. Todos los excursionistas echan pie a tierra y se dirigen hacia la casa, en cuyo corral, redondo, cercado y con burladeros, como las Plazas de Toros, ha de verificarse la tienta.
El «encierro» de reses bravas es un espectáculo vistoso y que se desenvuelve rápidamente.
Ocho o dieza jinetes, armados de largas garrochas, se lanzan a rienda suelta a través del llano; éstos en una dirección, aquéllos en la opuesta, y, describiendo entre todos un círculo. Tiene esta operación por objeto «levantar» los novillos para agruparlos en el lugar donde previamente habrán sido colocados los cabestros; los pobres bueyes, reflexivos y tranquilos, que en la psicología combativa, lujuriosa y vehemente de la torada representan la indulgencia, la ecuanimidad y la mansedumbre.
Los garrochistas disminuyen rápidamente en la distancia; después les vemos acercarse conduciendo al ganado. Unos preceden al convoy, guiándole; otros le siguen, aguijoneando a los animales rezagados. Es un momento de verdadera emoción. En el silencio rústico, los cencerros de los cabestros laten bulliciosos, y su estrépito crece, advirtiéndonos de que llega un peligro. Los cuepos de tantas reses juntas forman una mancha ondulante, palpitante, que tan pronto se alarga en un sentido como en otro, y de la cual los cuernos sobresalen amenazadores. Retrepados en sus caballos, con sus trajes ceñidos y sus picas agudas como pararrayos, los garrochistas, que renuevan en Andalucía la leyenda de los centauros, dibujan perfiles de clásica y soberana esbeltez.
El tropel se acerca; ya se distinguen los animales, ya sentimos la expresión de sus ojos, a la vez empavorecidos y valientes. Desde detrás de una valla, Sotomayor da órdenes.
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Cordoba Asistentes a la grabacion de la pelicula de Zamacois con hermanos Romero de Torres 1915 – ProyectoGarlo Córdoba
Córdoba Asistentes a la grabación de la película de Zamacois con hermanos Romero de Torres 1915.
Capitulo La Tienta en el libro De Cordoba a Alcazarquivir 1915 1921 – ProyectoGarlo Córdoba
Capitulo La Tienta en el libro De Córdoba a Alcázarquivir 1915 -1921.
– ¡Cuidado!…, ¡Fuera todo el mundo! ¡Quitarse de en medio…
Ya es tiempo; las reses penetran en el corral atropellándose, empujándose, asustadas de verse tan juntas. Inmediatamente los novillos, hábilmente acosados, van metiéndose en los chiqueros, donde permanecerán encerrados hasta el momento de la pelea. Los cabestros, que ya saben su obligación, vuelven grupas y salen al campo; van corriendo, brincando, felices, tal vez de su pasividad de su inutilidad, que les pone a cubierto del dolor. El ruido de sus cencerros disminuye, y plácidamente se extingue en la calma de la dehesa, llena de sol.
Va a empezar la brega; los espectadores se distribuyen aquí y allá, como pueden. El operador de las películas y los fotógrafos aperciben sus aparatos y se colocan con arreglo a la luz. Los toreros «de verdad», Patatero, Bocanegra y Alvarito de Córdoba, el capote al brazo, foman posiciones. El picador Mazzantini recoge el rendaje de su cabalgadura y se escupe la mano, para mejor sujetar la pica. Entre los «toreros de farándula», corre un movimiento de incertidumbre, de pánico. ¿Qué harán? ¿Dónde se situarán con provecho para la cinta cinematográfica, y sin exponer a riesgo alguno sus gentilísimas personas?
Las mujeres, envueltas en riquísimos mantones filipinos y con los cabellos adornados de flores quedaron agrupadas sobre una plataforma, y aquellas sedas rojas, verdes, moradas, amarillas y azules, reunidas en ramillete fantástico, repiten bajo el sol esa ardiente y límpida policromía de los ventanales góticos, cuyo secreto se ha perdido.
Sale al redondel el primer novillo; sale aturdido, tropezándose contra los batientes del toril; ante su fiereza, los capotes de los lidiadores flamean multicolores como banderas. El animal levanta la poderosa cabeza, muge, escarba el suelo. Luego repara en el picador, y arremete contra él; Mazzantini, bien afirmado sobre los estribos, alarga el brazo. El choque es brutal. La fiera, herida en el testuz, gime, recula y de nuevo acomete; el caballo, herido también, retrocede; Mazzantini tropieza contra un alero y derriba varias tejas; corre la sangre…
La lucha, el peligro, la muerte que ronda, excitan al público. Como el caballo está huido, unos proponen vendarle los ojos; otros se oponen. La emoción del combate no destierra, sin embargo, el buen humor. Entre dos puyazos de los que los técnicos llaman «de castigo», Mazzantini, refiriéndose a su caballo, grita:
-¡Vendadle los ojos de una vez! Si el animalito no ha de leer periódicos…
Y la brega sigue. Desde la barrera, los artistas gritan, ríen, increpan, aplauden. Los olés, los bravos, los anda, valiente, se repiten sin interrupción, sin término; al principio lo hacían porque así lo requerían la discreta composición y naturalidad de la película; luego espontáneamente, sinceramente, ganados por el interés del espectáculo. Entretanto, el operador trabaja, apresando todo aquel movimiento y toda aquella luz – ¡oh prodigios de la ciencia!- en la quietud y la obscuridad de una cinta. En los brevísimos instantes del silencio, el girar de la manivela de su máquina suena casi imperceptible, como un carraspeo…
A la caída del sol, que pone al lejano castillo de Almodóvar un fondo magnífico de encendidas púrpuras, regresamos a Córdoba. El lugar denominado Cuevas Altas ha quedado atrás. Vamos cuesta abajo, y el ganado trota sin fatiga; sus colleras tintinean ufanas. A nuestro lago galopan «el Rubio» y otros garrochistas, todos excelentísimos jinetes, maestros en el arte árabe de tenerse sobre la silla con majeza y soltura.
Una suave tristeza de égloga, desciende a la tierra con el crepúsculo. Ha pasado volando una cigüeña de las que duermen en los alminares, y, hemos oído el aleteo agorero, semejante a un suspiro de una lechuza. A nuestra izquierda, en la osbcuridad de la vega, grisean las ruinas de Azhara, el alcázar donde hace diez siglos el suspiro de una mujer y la pasión de un hombre se hicieron mármol, oro, alabastro, jaspe y acero.
zamacois jpg – ProyectoGarlo Córdoba
Llegados hasta este momento en el diario, me he extendido, pero considero que aporta una sustancial información de lo que vivieron estas personas durante el rodaje de la película de Eduardo Zamacois titulada «Mis Contemporáneos»; es de buen hacedor documentalista escribir la referencia bibliográfica, queridos lectores, aquí os la indico: Eduardo Zamacois, De Córdoba a Alcázarquivir, tipos y paisajes de Andalucía y de Marruecos, 1915-1921, Barcelona, Casa Editorial Maucci. 
Estoy escuchando a Rebecca en el patio dialogando con Eustaquio y Gertrudis sobre qué lugares excepcionales deben visitar en su estancia en Japón. Ella ha estado varios meses en Tokyo por motivos profesionales para el desarrollo de unos cursos de formación en defensa personal y contraespionaje al cuerpo de policía. Rebecca ha adquirido con agilidad muchos conocimientos y protocolos sociales necesarios de saber para entablar entendimiento con las autoridades con las que se van a relacionar en el viaje. Eustaquio, Gertrudis, Gema  y yo, Juan, estaremos custodiados por un equipo especializado en seguimiento que Narciso ha previsto para nuestra protección. Aunque Japón es una sociedad occidentalizada, conviven muchas mafias en todas las islas niponas, siempre es adecuado, si se puede, esta vigilancia. 
Tengo que apurarme en contaros el camino por las esculturas que en anteriores páginas comencé a contar. Ahora en este tercer camino desde la estación de trenes y autocares, os indico que disponemos en Córdoba de uno de los pulmones verdes más intensos en belleza floral, avifauna y estatuaria por metro cuadrado. Junto a la nueva ubicación de la Biblioteca Pública Grupo Cántico se ha logrado aglutinar un nuevo espacio urbanístico destacado.
Solamente, me apremia el tiempo, siento los tacones sigilosos de Rebecca acercándose, así que os escribo el inicio de la ruta, dice así. Delante de la estación de trenes, ahora se llama Estación Julio Anguita, contemplamos un gran estanque vacío, que en el año 2019 se propuso lo siguiente: «Los grupos municipales apoyaron la iniciativa del escultor Teo San José que quiere construir en la plaza de las Tres Culturas, propiedad de Adif, una escultura gigante que simbolizará a Córdoba como puente del diálogo. El Pleno se compromete a tutelar, que no a sufragar, el proyecto. En 2025 el Pleno del Ayuntamiento de Córdoba respalda la puesta en valor de la explanada de la estación y aprueba la redacción de un proyecto que permita la transformación de la explanada de la estación de trenes. La iniciativa propone que este espacio se convierta en un punto de encuentro ciudadano con la incorporación de zonas verdes y elementos de renaturalización que mejoren la imagen y el uso de la plaza.» Y yo opino sobre este espacio lo siguiente: «Mi sugerencia sería factible con la creación de un conjunto escultórico representativo de la Ciudad de Córdoba, siendo realizado por los jóvenes creadores de la Escuela de Bellas Artes Mateo Inurria y Dionisio Ortíz, generándose un diálogo entre el alumnado y sus profesores, siempre con el apoyo económico de las administraciones vinculantes.» ¡Qué bonito, enriquecedor sería! Pero al final harán la «renaturalización» objetivo de los fondos europeos para el enriquecimiento natural de esta glorieta donde se concentra gases de los vehículos monotorizados. Por todos es sabido el aumento del tráfico rodado, su contaminación en el aire y la ausencia de «zona verde» con la preferencia de cemento gris por doquier. Menos mal que a pocos metros se encuentra el llamado Los Patos o Jardines de la Agricultura, pulmón verde iniciático hasta la puerta de Sevilla.
Documental sobre El Universo Simbolico de Julio Romero de Torres – ProyectoGarlo Córdoba
Documental sobre El Universo Simbólico de Julio Romero de Torres en colaboración con Realidad y Misterio TV, Emilio Morales.
Buenas tardes, soy Juan el ayudante de la Biblioteca, a las seis de la tarde, sábado 25 de Octubre del 2025, en Córdoba. Casa Palacio. Hasta la próxima, estoy feliz de acompañar a la familia a Japón. Estoy convencido del aprendizaje en este viaje para nuevos proyectos desde Córdoba al Mundo. 
Para culminar este sábado glorioso, Rebecca le ha ofrecido con suma amabilidad el diario del arte a Gertrudis. Ella quiere contarnos lo que Federica Montseny contó en el año 1940 sobre la personalidad, la vida artística y la misión de Julio Romero de Torres en su época, y venidera. Sin más dilación en próximas páginas, queridos lectores del presente, del pasado y del futuro, se acerca el Ocaso…
OPINIONES SOBRE LA NOVELA DIARIO DEL ARTE 2024 jpg – ProyectoGarlo Córdoba
CLIC EN LA IMAGEN PARA SABER MÁS SOBRE DIARIO DEL ARTE. OPINIÓN DE LECTORES.
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