Juan Belmonte Julio Romero de Torres y Felipe Sassone – ProyectoGarlo Córdoba

Juan Belmonte, Julio Romero de Torres y Felipe Sassone.

Tres Artes unidas en el tiempo, Tauromaquia, Pintura y Teatro, en el año 1915, para Diario del Arte con suma delicadeza
Feliz Domingo, dios mediante, finaliza el mes de noviembre del presente año 2025, con la exquisita presentación del Desfile de Alta Costura Mancini en «Homenaje a Julio Romero de Torres», el hijo pintor de Córdoba, en uno de nuestros monumentos más importantes el Templo Romano Claudio Marcelo de Córdoba. Magnífica puesta en escena, junto con la hoy celebrada Media Maratón con 6.000 corredores feroces con la lluvia en modo «soniquete» amanecida. Mis frágiles huesos lo anunciaron ayer por la tarde, aunque de «chicuelo» me apasionaba ascender desde la Mezquita – Catedral de Córdoba hasta las Ermitas a paso ligero, ¡ qué momentos felices !. Aunque ahora también lo son, a mi edad octogenaria en tan buena compañía con Gertrudis. Gema y Lucía han ido a la visita guiada, a las 11h, en el Museo de Bellas Artes en relación a la exposición al hermano pintor de Julio, Rafael Romero de Torres; Juan mi ayudante está en ruta por la provincia por Hornachuelos en la finca de mi buen amigo Martín; y yo estoy, por fin, leyendo un libro escrito por Leopoldo Torres Balba titulado «La Mezquita de Córdoba y Madinat al-Zahra», en Los Monumentos Cardinales de España, XIII, Ed. Plus Ultra, 1965. Fue curioso la llegada de este libro a mi colección histórica. Una mañana sentado en un banco en la Puerta del Puente, inicié un diálogo con un pintor sevillano, DeAn, que atraído por Córdoba, estaba pintando en directo en este lugar, donde yo contemplo la luz de Córdoba. El señor pintor estaba muy afamado en captar la luz que tanto maravilló a Julio Romero de Torres, y yo observando me puse a hablarle con gracia y salero. De entre todos los asuntos tratados, suculentos y variopintos, le invité a conocer la tienda de recuerdos cercana donde se esconde a los ojos de todos la primera tienda de fotografía en Córdoba. Tras este descubrimiento para DeAn, de su mochila sacó este libro, amablemente me regaló con la condición de visitarlo para la Feria de Abril. Toda una proeza para mi con mis 83 años, me puse muy alegre hasta entoné el poema a Córdoba de Góngora. Mientras estoy en el comedor principal escribiendo en este diario, de repente, me sobrevienen tres nombres: Felipe, Juan y Julio. 
Leopoldo comienza de esta forma tan delicada su paseo por Córdoba, sus dos monumentos históricos – artísticos principales: «De esta maravillosa ciudad de Córdoba, hace diez siglos la más rica, culta y poblada de Occidente, de las callejuelas tranquilas y silenciosas de su parte vieja, emana un sutil perfume de refinado señorío, persistente a través de mil años de catástrofes y mudanzas.  Un poeta moderno, de aguda sensibilidad, la ha descrito – lejana y sola – con palabras evocadoras del ambiente de melancolía de la urbe venida a menos, viviendo soñolienta de recuerdos y nostalgias, envuelta en el prestigio de su pasado esplendor, al borde del Guadalquivir. La razón fundamental de la existencia de Córdoba fue su gran puente, paso de una de las mas importantes calzadas construidas por los romanos, la vía Augusta, espina dorsal que cortaba la Península uniendo Narbona a Cádiz. La ciudad, de tránsito forzoso, ocupaba además el centro de una fértil llanura, productora de cereales, cerca se extendían regiones montuosas de buenos y abundantes pastos. La grandeza de la Corduba romana puede imaginarse a través de los restos que el azar, al abrir los cimientos de nuevos edificios o zanjas en las calles para los servicios urbanos, ha ido sacando a luz en los últimos tiempos mosaicos, estatuas mutiladas, fragmentos arquitectónicos de grandes construcciones. Nada queda a la vista de la ciudad imperial, sus ruinas, destruidas y calcinadas, yacen sumergidas bajo el suelo a profundidades de cuatro y cinco metros. ¿Qué catástrofes, qué trágicos acontecimientos ocurrieron entre los siglos IV y VIII capaces de producir el arrasamiento total de la urbe romana y la acumulación de tan ingente masa de tierra y escombros? La Historia lo calla. En el siglo VIII, pocos años después de la invasión y rápida conquista de la Península por los musulmanes, restablecieron éstos su capital en Córdoba, que desde entonces no cesó de crecer; al mismo ritmo se fueron añadiendo naves de columnas a su mezquita mayor. Alcanzó la ciudad máxima importancia bajo dos grandes soberanos, los califas Abd al-Rahman III (912-961) y su hijo al-Hakam II (961-976); aún perduró durante el gobierno nominal de Hixam II (976-1009) y el efectivo de Almanzor, hasta los años iniciales del siglo XI…..»
Al Mihrab de Cordoba Mezquita Alhama 2025 – ProyectoGarlo Córdoba
Al Mihrab de Córdoba Mezquita Alhama 2025.
JUANJO GARCIA LOPEZ FUNDADOR DE PROYECTOGARLO. CORDOBA. ESPANA – ProyectoGarlo Córdoba
JUANJO GARCÍA LÓPEZ, FUNDADOR DE PROYECTOGARLO. CÓRDOBA. ESPAÑA.
El libro es una joya en tratamiento histórico y preguntas reflexivas. Además en Granada en estos días se están celebrando unos actos conmemorativos a la labor de Leopoldo en la Alhambra. Aquí muestro mi aportación en el diario del arte. ¡Qué bello es vivir en Córdoba! ¡Magníficas bellezas por sus calles y plazas! ¡Recuerdos de mi infancia en el barrio de la Catedral! ¡ Mi tío Frascuelo, montoreño, piconero del barrio de la ribera, siempre en tu recuerdo!
JULIO ROMERO DE TORRES EN SU ESTUDIO DE MADRID PINTANDO A CARMEN DE BURGOS LA COLOMBINE – ProyectoGarlo Córdoba
JULIO ROMERO DE TORRES EN SU ESTUDIO DE MADRID PINTANDO A CARMEN DE BURGOS - LA COLOMBINE -
Expo Carteleria – ProyectoGarlo Córdoba
Mi tío Frascuelo, aficionado al mundo del toreo, me contaba sus escaramuzas para asistir en La Maestranza de Sevilla y en Tejares de Córdoba, estando en primera línea trabajando en dichas plazas de toros para disfrutar de su pasión. En las tientas celebradas en los cortijos pudo contemplar a los jóvenes talentos de su época. Os comento que su época fue la de Juan Belmonte, Lagartijo, Guerrita, Joselito El Gallo. Cuando falleció a la edad de 102 años, en 1990, él nació en 1888, si en esta línea familiar somos muy longevos, heredé unas maletas llenas de recortes de prensa, revistas dedicadas por amigos del Toreo, fotografías, y un breve diario a puño letra. Él nunca fue a la escuela, pero tuvo grandes patronos preocupados para que aprendiera a leer y escribir. Hace años clasificamos Gertrudis, Juan y yo toda esta documentación la cual está conservada en casa. Solamente hoy os presento varios «destellos periodísticos» de Felipe Sassone, esperando os agrade. ¡Por ti va querido tío Frascuelo!
JUAN BELMONTE 1909 POR JULIO ROMERO DE TORRES – ProyectoGarlo Córdoba
"Retrato de Juan Belmonte novillero" es un cuadro de Julio Romero de Torres al óleo y temple sobre lienzo, de 38 x 29 centímetros. [1]​ Firmado J. Romero de Torres y fechado en Córdoba el 31 de agosto de 1909, está dedicado "Al gran novillero Juanito Belmonte en prueba de nuestra amistad y también por tu brindis."
FELIPE SASSONE 1922 – ProyectoGarlo Córdoba
Felipe Sassone Suárez fue un escritor y periodista peruano de origen italiano que vivió casi toda su vida en España. Destacó sobre todo como dramaturgo acertado y prolífico, aunque también abarcó con solvencia el género poético, el narrativo y el ensayístico.
En 1915, en el periódico Nuevo Mundo aparece este escrito del periodista peruano afincado en Madrid: El pintor y el torero, por Felipe Sassone, transcribo a continuación: «Juan Belmonte, el gran torero de la emoción bárbara, ha adquirido un cuadro de Julio Romero de Torres, el gran pintor de la emoción serena. En un salón de la actual Exposición de Bellas Artes, entre un lienzo y un marco, el nombre del lidiador moreno y trágico, se exhibe como la ofrenda de un bravo a la belleza de una mujer morena y triste. Es un cuadro andaluz sin el socorrido alarde pintoresco de la guitarra y de la pandereta; sin claveles, sin nardos, sin sangre y cegadora que enumera las piedras de los caminos y las hojas de los árboles; sin ese sol realista y cruel, padre de la pereza y enemigo de la ensoñación. Carmen, que así se llama la mujer del lienzo, con el nombre de copla y de jardín – música y aroma – aparece sentada en medio de una habitación que el crepúsculo ha poblado de sombras. Es joven, melancólica y ardiente como el amor, viste sencillamente, de negro, y todo su andalucismo está en los rasgos de su fisonomía, en lo arábigo de su tristeza quietista y en el cálido tono de su morenidad. El pintor huyó todo ese movimiento qui deplace le ligne, odiado por Baudelaire; el pintor no quiso sorprenderla en el escorzo de un paso de baile, para inmovilizar, con pretensión absurda, un instante que no puede ser armonía, porque no es suma; el pintor ha fijado en reposo, otro momento que es todo un conjunto armónico de serenidades y de melancolías. No pintó lo accidental y lo efímero (cosa bella mortal passa.. e non d arte – dijo Leonardo), sino lo esencial, lo inimitable, lo eterno; y lo eterno de Carmen es la belleza de su expresión, el tono de su morenidad, el negror brillante de sus ojos, la forma del arco superciliar y la tristeza lánguida de su actitud, que es todo el espíritu de su raza. El fondo, es algo más que un complemento decorativo para entonar la figura, y algo menos que una alegoría formal, como en el retablo de El Poema de Córdoba. Su figura, piensa, como las de Leonardo de Vinci, y el fondo sirve a la idea. Por el hueco de una puerta se ve el campo con una vaga lejanía, sobre la cual va cayendo lentamente el dolor de la tarde. Así como de el fresco de La cena del pintor italiano, el aire y la luz dicen desde una ventana que la vida es hermosa y alegre, y que El Salvador renunció a ella por nuestra redención, así, el lienzo de Romero de Torres, dice que la vida es triste para Carmen, y nos muestra el camino por donde marchó el amor. ¿Para siempre?…¿Para volver?… ¡Quién sabe! Acaso Carmen ha llorado, acaso va a llorar; como la Gioconda enigmática, quieta y eterna, acaso ha sonreído, acaso va a sonreír…
El cuadro tiene la vaquedad y la religiosidad de las verdaderas obras de arte; esa vaguedad que no es confusión, sino riqueza de sugestiones y de evocaciones propicias al ensueño y al comentario lírico del que sabe sentir; esa religiosidad que es dolor tranquilo y hondo y santo como una resignación. Carmen es una flor temprana; no es la que mata a desdenes, como la de Merimeé, sino la que muere de amores como la melodía doliente de una soleá; no es la hembra de Rubens, pletórica de vida, sino una virgen d annunziana, una vergine moritura – Violante, Anatolia, Massimila – y el artista así la quiso, porque pensó tal como el poeta que la beritá e il giustissimo attributo del sogno superbo e della vita bella.
Ni turistas, ni diplomáticos, ni ministros, ni banqueros, han codiciado la maravillosa obra de arte, extraña al gusto lamido y dulzón de los enriquecidos y de los raspacueros. La adquirió, en cambio, un hombre del pueblo, primitivo y valiente, que fue dócil a una sugestión intelectual o que sintió esa gran belleza que sólo se revela a los humildes y a los iniciados. Porque el arte quiere los extremos; sube a los palacios, o desciende a las cabañas, vuela al cielo de los místicos o se hunde en un infierno dantesco. No sabe de limbos, ni de purgatorios, ni de casas burguesas. Celui qui ne comprend pas – el personaje que así bautizó Rubén Darío -, era un burgués horro de sensibilidad y acomodado de barata sabiduría, amante de los afeites y de los oropeles. El arte no es para él; es del maestro que sintió y vivió con la sensibilidad a flor de piel y el cerebro poblado de doctrinas; es del hombre feliz que no tenía camisa, del pastor sencillo que comulga con la naturaleza, gusta de la leche y del queso, y es amigo de Horacio sin haberle leído, y sinete sin consuelo, y llora de emoción inexplicable, bajo el tramonto que tornasola el rizado vellón de sus ovejas.
Juan Belmonte no ha comprado un cuadro alegre y consolador, porque no ha menester de consuelo, ni de regocijo, quien no puede estar triste porque se acostumbró a mirar a la muerte cara a cara; pero en la contemplación del lienzo todo lleno de sombra, de serenidad, de armonía y de unción, hallará descanso a la borrachera de luz y de sangre, y a la atmósfera de tragedia que le rodean en el circo, y el cuadro hablará al alma bravía del lidiador, toda erizada de luchas, de las mujeres de su raza, de la novia que espera y del amor, que es premio de los fuertes. Julio Romero de Torres puede estar orgulloso de su arte, que se ofrece a los humildes como la gracia, y el maestro Valle Inclán, lleno de sensibilidad y de teología, pudiera cantar, con el milagro de su prosa, la historia de este cuadro que pintó un artista, y se compró con sangre de un valiente.
CARMEN 1915 JULIO ROMERO DE TORRES COMPRADO POR TORERO JUAN BELMONTE – ProyectoGarlo Córdoba
En 1914 organizaron un banquete entre Valle Inclán y el propio pintor para homenajear a Juan Belmonte[4]​ en Madrid, concretamente en el restaurante Ideal del Retiro. En 1915 Belmonte compra el cuadro "Carmen", que fue presentado en la Exposición Nacional. Al año siguiente, Julio Romero de Torres comienza el retrato de Belmonte titulado "Belmonte Matador de toros", representándolo como gladiador romano, desnudo, envuelto en un capote de paseo y con el pelo rapado al estar prestando el servicio militar.
En un minúsculo recorte de prensa encontramos esta frase, dice así: «O pasa como en este lunes de Mayo – el entierro del pintor que tenía planta de torero y alma de cantaor, y para el cual su estudio de Madrid se encendía cada tarde como una casida ardiente al pasar por los labios de una mujer de harén». Y escrito en lápiz el nombre de José Francés. Ante este papelito extraviado o recortado por mi tío Frascuelo, Gertrudis encontró el artículo completo, data del año 1930 en Nuevo Mundo. Es muy interesante, como todo a mi criterio, se nota mi pasión por la historia de España y de nuestros librespensadores contrarrevolucionarios, ¿verdad? Hoy por ser domingo frío, llegando casi la hora del almuerzo con los contertulianos en el Restaurante El Churrasco, me limito a transcribir la referencia a «Las mujeres de Córdoba por José Francés: «
Las mujeres de Julio Romero esperan siempre y siempre lo mismo: la pasión de un hombre que las esclavice o el amor de Dios que las consuele de no haber tenido aquella esclavitud o de no haberla podido conservar.
POEMA DE CORDOBA JULIO ROMERO DE TORRES fotografia por Karumilla diciembre 2024 – ProyectoGarlo Córdoba
POEMA DE CÓRDOBA JULIO ROMERO DE TORRES, fotografía por Karumilla diciembre 2024. Poema pictórico que resumía en figuras femeninas las obras de los grandes cordobeses de otros siglos.
MUJERES DE CÓRDOBA en El Perfil de los Días, escrito por José Francés, mayo 1930.
Mientras las mujeres vivas y entristecidas de Córdoba contemplaron el lunes – envueltas en sus pañolillos de crespón, cubierta la cabeza por las mantillas de blonda, con que tantas veces las pintara Julio Romero – el entierro de su pintor, se pensaba que era ya tiempo de colocar en el Ayuntamiento de la ciudad natal del artista aquel bello Poema pictórico que resumía en figuras femeninas las obras de los grandes cordobeses de otros siglos. El Poema de Córdoba que hace más de quince años pintó Julio Romero de Torres evoca, en efecto, sobre fondos románticos, a Maimónides, el filósofo; Góngora, el poeta; Gonzalo, el guerrero; Séneca, el estoico; Osio, el sacerdote, y Lagartijo, el torero; pero no con los rasgos viriles, sino en gentilísimas encarnaciones de mujeres morenas que rodean al grupo de la señorita y de la artesana de hoy, sosteniendo entre ambas el culto a San Rafael, patrón de la ciudad.
La filosofía, la poesía, la fuerza, la religión, la bravura popular podían expresarse también, aunque se trocaran las figuras, conservando únicamente los fondos donde en realidad se concentra el simbolismo evocativo.
Y no por falta de identificación corporal con la espiritual ideología, sino porque todas esas mujeres y cuantas Romero pintó son una misma, y todas ellas pueden comprender a los distintos hombres que buscaron el camino de su corazón.
Aunque vista arcaicos anacrónicos ropajes de princesa de la vieja Italia, aunque ciña monjiles tocas o se envuelva en las faldas y corpiños sutiles transparentes, modeladores de la carnal euritmia, parece siempre, la mujer única y múltiple de Julio Romero, estar desnuda y ofrecerse al amado en una absoluta y deliciosa renuncia de su ser. Y, por el contrario, aunque parezca completamente desnuda o en maliciosa semidesnudez, a pesar de yacer tendida en lánguida y sensual actitud, es de una castidad divina y tranquila, apaciguadora de los deseos. Todo en torno de ella parece íntima, recóndita, apasionada saturación de paganía de los sentidos con ideales deliquios; en la carne morena, tostada, encendida por dentro con las brasas del pecado, se funden y lanzan su aroma las exaltaciones religiosas, las inmaterialidades supraterrenas.
Por eso parece ser una sola también la inspiración simbolista de Julio Romero. La mujer andaluza que él ha impuesto a la historia de la moderna pintura española no puede elegir más que dos amores únicos: el místico o el profano; o los ideales desposorios de los claustros, o las mundanas bodas con el hombre. Es lo que representa El retablo del amor, lo que insinúan Amor místico y profano, lo que expresa Las dos sendas, lo que proclama La consagración de la copla, lo que dicen El pecado y La gracia, lo que hay, en fin, latente y conmovedor, en todas las figuras de Julio Romero, que sueñan y esperan en actitud estática. Las mujeres de Julio Romero esperan siempre y siempre lo mismo: la pasión de un hombre que las esclavice o el amor de Dios que las consuele de no haber tenido aquella esclavitud o de no haberla podido conservar. Tienen en su hieratismo reposado y señero la contenida emoción de vírgenes de retablo. El símbolo adquiere en ellas claridad diáfana y tristeza sexual a la vez. Se piensa que tanto unas como otras, las cortesanas que van deslumbradas hacia los centelleos de las joyas y las ondulaciones sonoras de los trajes pesadamente bordados con florentina pompa, y las monjas que abdican del mundo por la inmarchitable pureza mística concretada en un lirio y un soñoliento jardín conventual, son siempre paralelos senderos que a un solo quietismo conducen.
En la cóncava paz de los crepúsculos cordobeses, estas mocitas del rostro violáceo y de las viñetas moras se recuestan en los quicios de las puertas, aguardando su destino.
Cerca, lejos, suenan esquiloncillos monjiles invitando al rezo y a la renunciación. Pero, de pronto, cruza por la calle, sobre un lucido potro, digno de morisco romance, un mozo también moreno, también de agarena traza de califa juvenil, que sostiene con una mano las riendas y con otra la nieve olorosa de unas biznagas… O pasa como en este lunes de Mayo – el entierro del pintor que tenía planta de toreo y alma de cantaor, y para el cual su estudio de Madrid se encendía cada tarde como una casida ardiente al pasar por los labios de una mujer de harén.
ProyectoGarlo reclama museo para la casa de Romero de Torres – ProyectoGarlo Córdoba
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el entierro del pintor que tenía planta de toreo y alma de cantaor, y para el cual su estudio de Madrid se encendía cada tarde como una casida ardiente al pasar por los labios de una mujer de harén.
Gertrudis, Gema, Lucía, Juan, Narciso, Rebecca y Guiomar están ya esperando en el patio principal. Me ha cogido el toro… esto de escribir recuerdos y pasiones me invita ahora a degustar un buen solomillo con patatas y sorbete de limón. Están pacientemente en la espera de que llegue vestido de traje dominical, con gabardina londinense, bastón y mi sonrisa vivaz. Hasta otro momento que recupere el diario del arte, pues lo devuelvo a la mesita de noche de nuestra amiga periodista Lucía.  Domingo, 30 noviembre 2025, en Casa Palacio Cassas i Murillo en la judería cordobesa. Capitulo del III tomo de la Saga Familiar, titulado Horizonte: Secretos de Córdoba.
Retrato del Escultor Enrique Marin Higuero por Alvarez de Sotomayor 1900 1904 en Roma – ProyectoGarlo Córdoba
Retrato del Escultor Enrique Marín Higuero por Álvarez de Sotomayor, 1900-1904 en Roma
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Garlo y Diario del Arte Fotografía Carmen G.P. DICIEMBRE 2024 PATIO DE NAVIDAD CASA FAMILIAR ROMERO DE TORRES. PLAZA DEL POTRO. CÓRDOBA.
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