19 Nov En recuerdo de Oriana Fallaci desde Córdoba.
Conferencia impartida por Carmen Escorza en Fundación Cajasol me ha ayudado a tomar la decisión
DIARIO DEL ARTE III EL PERIODISMO DE LUCÍA.
Este párrafo fue lo primero que leí sobre Oriana, «En 1977, Oriana Fallaci continuó su trabajo periodístico combativo y marcado por entrevistas influyentes, como la que realizó en España y donde protagonizó un reportaje para la televisión española. Su estilo periodístico se caracterizaba por un enfoque confrontacional y por desafiar a los poderosos, rompiendo las convenciones de la época para forzar respuestas directas. Periodismo de entrevista: 1977 es un ejemplo de su labor de entrevistadora, donde no solo hacía preguntas, sino que sometía a los personajes a un interrogatorio intenso.»
En la década de 1970 – 1980, Eustaquio estaba desarrollando sus primeros trabajos de investigación en las fronteras de Turquía, Egipto y México para la ONU. En sus estancias en Madrid, coincidió en la cafetería de la Facultad con la periodista italiana, Oriana Fallaci; es lo que me ha comentado siempre él a mi, que me encuentro en la tesitura de elegir entre irme a Nueva York a trabajar en una revista de moda internacional, un nuevo campo para mi, o quedarme en Andalucía como corresponsal de Reuters en asuntos de sociedad y política. Antes de seguir, me presento, yo soy Lucía, la joven chica universitaria de República Dominicana, que finalicé mis estudios en Sevilla, y desde hace tres años estoy viviendo por temporadas en la casa palacio de Eustaquio y Gertrudis.
Hace unos días fuimos Eustaquio y yo a la Fundación Cajasol a una conferencia sobre la vida de la periodista italiana Oriana Fallaci, impartida por Carmen Escorza, en la Novena edición del ciclo Encuentros Culturales en la Fundación Cajasol, coordinados por Manuel Concha y Carmen Escorza. Con el siguiente título: Conferencia «Oriana Fallaci: el periodismo como acto de valentía y rigor intelectual» impartida por la coordinadora cultural Carmen Escorza. Presentada por Federico Castro.
Durante toda la sesión estuve recordando todo lo narrado por Eustaquio en nuestras largas conversaciones en la biblioteca de la casa, mientras leíamos los libros todos dedicados por Falllaci a Eus. La verdad es una suerte haber encontrado el apoyo tanto emocional como económico, muchas veces, de Eustaquio. Me siento a veces decaída, muy presionada en mi trabajo como periodista, viajo mucho; pero él siempre me enseña su sonrisa, su saber estar con su apoyo en todos los caminos a emprender. Como antes comenté, tengo la duda de irme unos años a Nueva York con el nuevo trabajo, a lo que me anima tanto Gertrudis como Eustaquio.
Al finalizar la conferencia, nos fuimos al restaurante El Churrasco para conversar sobre el libro «Entrevista con la historia», compuesto por veintiséis entrevistas a personajes políticos cuya participación en la historia contemporánea ha sido clave. Siendo realizadas durante más de siete años a personajes como Henry Kissinger, Nguyen Van Thieu o el General Giap, entre otros. Eustaquio siempre me ha hablado de una entrevista al Sr. Coby, director de la CIA en el año 1976, incluso me ha enseñado el periódico original, conservado, en el «Sunday Times». Con mi indecisión para viajar o no, me ha puesto el libro citado de Oriana en la mesa del comedor, para que vuelva a releer todas las entrevistas, incluso me ha regalado el libro «El miedo es un pecado, en italiano», publicado en la editorial Rizzoli, donde se revela una Oriana desconocida, pues se recopilan cartas privadas que Fallaci escribió a amantes, amigos, familiares y entrevistados, 120 completamente inéditas. Además me ha hecho ver la miniserie dedicada a la periodista italiana, que se presentó en el Festival de Cine de Roma, basada en la biografía escrita por Cristina De Stefano en 2015, que en España ha publicado la editorial Aguilar con el título La corresponsal. Durante la cena me aconsejo por vigésima vez irme a Estados Unidos; Marta el primer amor de Eustaquio, fue donde triunfó en su trabajo como periodista cultural en el ámbito de las Bellas Artes, y eso me ha dado más confianza. De momento no tengo ninguna atadura sentimental en Andalucía, he tenido varias relaciones «fugaces», y a mis treintatres años voy a darme esta segunda oportunidad y cuando lleguemos a casa, escribiré un email al redactor jefe en Nueva York aceptando el trabajo, y a mi familia en República Dominicana los llamaré para comunicarles mi nuevo destino.
Una vez escrito el email, mi redactor jefe neoyorquino, Thomas, me llamó por teléfono para concretar los últimos detalles, el primer trabajo a desarrollar en España antes de llegar a Nueva York, a la sede principal de la RUNWAY REVISTA®. La primera misión periodística es recorrer los principales centros de Moda Española para seleccionar a los mejores diseñadores, tanto noveles como consagrados con la idea de un reportaje para el próximo número desde el punto de vista de una mujer como yo, joven dominicana residente en Europa. El reto me parece increíble con total libertad en contenidos, pero con los estándares vinculantes de Runway para el público premium de lujo internacional. De entre los seleccionados, en NuevaYork, la dirección eligirá dos para realizar una promoción especial en varias ciudades del mundo, siendo mi jefe y yo los coordinadores. Tras varias horas asimilando este encargo, el primero en moda, yo siempre he trabajado en otros contenidos, aunque la metodología y la estrategia de comunicación es la misma, fui en busca de Gertrudis al salón comedor para tomar una tila y contarle toda esta aventura.
19 noviembre 2025, 01:00 de la madrugada, soy Lucía, en Córdoba, para Diario del Arte III.
Lo primero que haré cuando esté en Nueva York es visitar los lugares donde estuvo Oriana. Su vida profesional me ha cautivado, incluso me está dando el sostén para seguir con esta nueva aventura en el periodismo de la Moda. También intentaré practicar lo que bien sabía hacer Oriana con sus entrevistas, siempre con respeto y valentía, en relación al mundo nuevo a explorar.
Ahora quiero destacar unas palabras de Oriana: «»No creo que el periodismo se pueda estudiar en la escuela. La única verdadera escuela de periodismo es la práctica cotidiana. […] Lee, lee y lee», aconsejaba la reportera en otra misiva a una joven de 13 años, Mariella, que se dirigió a ella porque quería ser periodista. Y también le aclaraba: «Yo no odio a los americanos. Como pueblo, lo admiro en muchas cosas. Por ejemplo, el hecho de tener una élite cultural libre, democrática y progresista. […] Odio su dinero y su fuerza militar que interviene en la vida de los otros pueblos y la pliega a sus intereses», precisaba.»
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