Semillas de Orion cuando el arte mira hacia el origen – PROYECTOGARLO

Semillas de Orión: cuando el arte mira hacia el origen.

Juanjo Garlo y la búsqueda de un universo que conecta la materia, la energía y la memoria de los lugares.
Hay momentos en la trayectoria de un artista en los que la mirada deja de dirigirse únicamente hacia el mundo visible. La pintura se convierte entonces en una forma de exploración, en una búsqueda de aquello que no siempre sabemos nombrar, pero que intuimos a través de la experiencia, la emoción y el lenguaje de las formas.
En mi caso, esa búsqueda tiene un nombre: Semillas Estelares de Orión. Esta colección, desarrollada entre 2021 y 2024, nace de mi fascinación por el cosmos y por la capacidad de la pintura para transformar la observación del universo en una experiencia sensorial. Orión, con sus estrellas, sus distancias y su presencia reconocible en el firmamento, se convierte en el punto de partida de una investigación artística en la que el color, la textura y la profundidad construyen un lenguaje propio.
No pretendo representar el universo como lo haría un astrónomo ni reproducir literalmente lo que observamos a través de un telescopio. Mi interés se encuentra en otro lugar: en explorar lo que el universo despierta en nosotros y en trasladar esa experiencia al lienzo mediante una pintura que busca ir más allá de la apariencia.
Orión como territorio de creación.
La constelación de Orión ha acompañado a la humanidad a lo largo de numerosas generaciones. Sus estrellas han servido como referencias para la orientación, han inspirado relatos mitológicos y han ocupado un lugar importante en diferentes tradiciones culturales.
Sin embargo, cada cultura ha construido su propia manera de interpretar el firmamento. No existe una única lectura del cielo, sino una diversidad de conocimientos, símbolos e historias que reflejan la relación de los pueblos con su entorno.
Desde mi universo pictórico, Orión representa un espacio abierto a la exploración. Es una referencia cósmica que me permite investigar la relación entre las formas, la energía visual y la percepción humana.
En mis obras, las espirales, los círculos y las fusiones cromáticas adquieren una presencia especial. No son únicamente recursos formales: forman parte de mi vocabulario artístico, de una manera personal de construir imágenes y de expresar sensaciones que no siempre pueden traducirse en palabras.
Las Semillas Estelares constituyen así una etapa fundamental de mi recorrido creativo, una invitación a contemplar el universo desde la libertad de la abstracción sensorial.
Chiribiquete: el jaguar, las montañas y el cielo
La aproximación a la Serranía de Chiribiquete, en Colombia, introduce una perspectiva fascinante en este recorrido.
En este territorio amazónico, las pinturas rupestres conservan un extraordinario patrimonio visual vinculado a la naturaleza, los animales y las tradiciones culturales de diversos pueblos indígenas. El jaguar ocupa un lugar destacado en muchas cosmovisiones amazónicas, donde puede representar fuerzas relacionadas con la vida, el poder y el mundo espiritual.
En determinadas tradiciones indígenas de la región amazónica noroccidental, algunas estrellas de Orión se relacionan con la figura del jaguar, mientras que la Vía Láctea puede interpretarse como una canoa cósmica. Estas imágenes revelan una manera de comprender el firmamento que difiere de la tradición mitológica occidental y que está profundamente vinculada al territorio y a los conocimientos ancestrales.
No podemos afirmar que estas interpretaciones sean universales ni que constituyan el significado demostrado de todas las pinturas de Chiribiquete. Su riqueza reside, precisamente, en la diversidad de tradiciones y en la necesidad de aproximarnos a ellas con respeto.
Como pintor, esta conexión me invita a reflexionar sobre una cuestión esencial: ¿hasta qué punto nuestra forma de mirar el cielo está condicionada por la cultura, la memoria y las imágenes que hemos heredado?
Las montañas, los animales y las estrellas pueden formar parte de relatos diferentes y, aun así, despertar una pregunta compartida: qué lugar ocupamos en el universo y cómo nos relacionamos con aquello que nos rodea.
De las estrellas al lienzo.
En mi colección Semillas de Orión, cada obra propone una aproximación particular a ese universo.
Títulos como Montaña Orión, Bellatrix Orión, Ciudad en Orión, Nave nodriza de Orión o Esencia de Orión muestran la amplitud de un imaginario que transita entre la referencia astronómica, la construcción de espacios simbólicos y la libertad de la creación plástica.
No son capítulos de una narración cerrada, sino distintas puertas de entrada a una misma investigación. Cada lienzo plantea una relación entre color, materia y percepción, dejando que el espectador complete la experiencia desde su propia sensibilidad.
La pintura no necesita ofrecer una explicación definitiva. Puede plantear preguntas, despertar recuerdos y generar asociaciones que cambian de una persona a otra.
Por eso me interesa que mis obras se contemplen sin la obligación de encontrar una respuesta inmediata. A veces, la experiencia artística comienza precisamente cuando dejamos de intentar explicarlo todo.
De Semillas de Orión a Alma de Córdoba.
Mi trayectoria ha ido ampliando esa búsqueda desde el imaginario cósmico hacia los espacios que habitamos y la memoria que conservan.
En Alma de Córdoba — La energía invisible de los lugares, la atención se dirige hacia patios, edificios históricos y rincones de la ciudad. La pintura surge de la experiencia directa del espacio, de sus atmósferas y de las sensaciones que despierta.
El paso de Semillas de Orión a Alma de Córdoba no implica abandonar el universo para regresar a la Tierra. Es, más bien, una ampliación de la mirada: del cielo a la arquitectura, de las estrellas a los lugares, de la inmensidad cósmica a la intimidad de la memoria.
En ambos proyectos permanece una misma inquietud artística: explorar aquello que va más allá de la imagen superficial.
La abstracción sensorial me permite investigar esa dimensión mediante el color, las texturas, las espirales y las formas que emergen durante el proceso creativo. No se trata de demostrar científicamente la existencia de una energía invisible, sino de expresar, desde la pintura, la experiencia subjetiva de aquello que un lugar o una imagen pueden transmitirnos.
Un diálogo entre culturas, tiempos y miradas.
Acercarse a Chiribiquete desde una investigación artística contemporánea exige distinguir entre la interpretación personal y los conocimientos propios de las comunidades indígenas.
Las pinturas rupestres amazónicas pertenecen a una historia cultural específica, que merece ser estudiada y respetada sin reducirla a una metáfora de nuestra propia obra. Mi diálogo con este patrimonio nace de la admiración y de la posibilidad de reflexionar sobre las diferentes maneras en que la humanidad ha relacionado el cielo con la Tierra.
El arte puede abrir ese diálogo. Puede ayudarnos a mirar con atención, a reconocer otras formas de conocimiento y a comprender que la experiencia del universo no pertenece exclusivamente a la ciencia, la mitología o la creación artística, aunque cada ámbito lo aborde desde perspectivas distintas.
Las estrellas de Orión siguen brillando sobre territorios muy alejados entre sí. Bajo ese cielo compartido, diferentes pueblos han construido relatos, símbolos y formas de comprender su existencia.
Mi pintura se incorpora a esa conversación desde un lugar propio: el de un artista que utiliza el color y la abstracción para explorar las relaciones entre la percepción, la memoria y el espacio.
Las semillas permanecen abiertas.
Semillas Estelares de Orión no es únicamente una colección de pinturas. Es también el testimonio de una etapa de búsqueda, de un imaginario que continúa dialogando con mi trabajo actual y que me permite regresar a las preguntas que dieron origen a mi lenguaje artístico.
Quizá el verdadero sentido de una semilla no sea contener una respuesta, sino guardar la posibilidad de algo que todavía está por desarrollarse.
En ese sentido, Orión continúa siendo para mí un punto de partida: una invitación a mirar más allá, a explorar los vínculos entre lo visible y lo invisible desde la libertad de la creación.
Y cuando el arte se aproxima a lugares como Chiribiquete, donde la naturaleza y la memoria ancestral mantienen una relación tan profunda, esa invitación adquiere una nueva dimensión.
No para afirmar que todos compartimos una misma historia, sino para reconocer que existen muchas maneras de mirar el universo y que cada una puede enseñarnos algo sobre nuestra relación con la Tierra.
Porque las semillas de Orión no necesitan ofrecernos todas las respuestas. Basta con que mantengan abierta la puerta de la imaginación.
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