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1910 en el Estudio de Córdoba con Julio Romero de Torres.

Aproximación al Estudio Artístico del pintor en su 150 Aniversario, publicado en 1910, en prensa nacional
Por esos mundos 1910 jpg – PROYECTOGARLO
Existe y muy arraigado aún, el prejuicio de que, a no ser en Madrid o Barcelona, apenas si hay quien pueda figurar gallardamente en las cimas de la intelectualidad española. ¡Crasísimo error, hijo del más lamentable y absorbente centralismo, que mantiene la ignorancia y pereza mental de las gentes!
En provincias, en esas pequeñas capitales en que la vida se desliza algo monótona y tranquila, el pensamiento y el estro creador suelen muchas veces cultivarse con sumo acierto, porque esa misma calma que el espíritu disfruta, convídale a laborar fecundo y poderoso hasta producir obras de arte cuya fuerza y serenidad nos recuerdan las de aquellos grandes maestros de los siglos XVI y XVII, llamados de oro en los anales de la Belleza.
Al ilustre pintor, a quien estas líneas se refieren, preguntábaamosle si no obtendría mayor retribución por su trabajo residiendo en esta Corte, y nos respondió:
Por esos mundos Salud 1910 jpg – PROYECTOGARLO
– Sí; es indudable que viviendo en Madrid me pagarían más por los cuadros; pero…
Y asomando una sonrisa ingenua que revelaba mil confesiones, añadió:
– Pero lo que me sucedería es que apenas pintaría nada.
– ¿Y eso? – le replicamos – provocándoles a la expansión confidencial.
– Pues, la verdad, cierto es que Córdoba resulta una ciudad muerta comparada con Madrid y aún otras capitales provincianas de importancia; pero tiene un ambiente natural en el que flota mucha poesía y un gran ensueño, atmósfera de idealismo que crea espontáneamente arte, algo inexplicable pero sensible y real que el alma dotada de penetración y delicadeza percibe con facilidad en esta Andalucía que unos llaman trágica y otros riente, por lo regular sin conocerla a fondo, pues ambos caracteres tiene sin que el uno excluya por completo al otro.
Por esos mundos el Estudio en Cordoba 1910 jpg – PROYECTOGARLO
En Madrid – continuó Julio Romero – hay más intelectualidad, más tráfago de ideas e impresiones artísticas; pero esa vida excesivamente febril que allí se hace, no es tampoco la más a propósito para producir, si el artista no posee una fuerza de voluntad y una ambición extraordinarias.
Y, en efecto, al escuchar estas palabras del eminente pintor que desde su rincón cordobés ha logrado triunfar en Madrid y ser nombrado frecuentemente por críticos y revistas de todos los países, especialmente en Norte-América, venía a nuestra memoria lo dicho por un crítico de arte del siglo XVII, refiriéndose a la excursión que al finalizar aquella centuria hizo Velázquez a Venecia: «Y permaneció retraído del trato de pintores y mercaderes, porque para producir vale más no contemplar lo que otros hacen ni escuchar polémicas y choques de ideas sobre materias artísticas, cuya síntesis está expresada en este hermoso pensamiento de Palacio Valdés: En arte, el aislamiento es una fuerza».
por esos mundos 1910 Rosario jpg – PROYECTOGARLO
Penetrando por las estrechas calles de los barrios cordobeses próximos al Guadalquivir, que en tiempo de los Abderramanes constituían la Ajarquía de los cristianos, llégase a la plaza del Potro, pintoresco lugar citado por Cervantes como punto de alegre recreación. En ella se un antiguo edificio, vetusto caserón de prócer de familia ya extinguida, que la Diputación de Córdoba destina a la pinacoteca y museo arqueológico, y en el cual, en apartado lugar, tiene su estudio Romero Torres. Es un amplia sala cuadrada, en planta baja, que recibe próvido torrente de luz de un precioso jardín frontero a ella.
Allí vimos bocetos de cuadros, fotografías, manchas de color, objetos de arte antiguo y moderno, todo medio revuelto y mostrando ese bello desorden de que nos habla Goncourt en La casa de un artista.
Por esos mundos fachada Casa del Museo 1910 jpg – PROYECTOGARLO
Reproducido por la fotografía aparece a un lado La musa gitana, el magnífico cuadro que consagró a Julio Romero como artista admirable, y que fue premiado con primera medalla en la Exposición celebrada en Madrid el año 1907. Este lienzo representa una mujer, joven, desnuda, recostada en un sofá, y recuerda a La maja desnuda de Goya; pero ¡qué dos tipos tan diferentes, tan interesantes y tan españoles, cada uno en su estilo! En la gitana de Romero de Torres se vé claramente reflejado el romanticismo de su raza, ardoroso y brutal a veces, rústico y doliente otras. En la hermosa hembra del glorioso maestro aragonés traspira la intensa fuerza femenina que llama a la vida por todos sus poros.
Próximo a dicha reproducción fotográfica se ve un pequeño manuscrito con varios tachones, una cuartilla clavada en la pared con doradas puntas de París. Sin duda – nos dijimos – debe ser algo muy interesante cuando el artista lo conserva así, ostentándolo cual una reliquia. Nos acercamos y pudimos comprobar la importancia del papelito. Era el original, autógrafo, de aquella inmortal becqueriana aprendida de memoria por nuestras mujeres de todas las clases sociales de la generación anterior:
«Hoy la tierra y los cielos me sonríen; hoy llega al fondo de mi alma el sol; hoy la he visto… la he visto y me ha mirado. ¡Hoy creo en Dios!»
¿Cómo ha llegado hasta el estudio del pintor cordobés tal primicia literaria? Lo ignoramos, y a fe que sería curioso saberlo.Romero de Torres es un gran pintor que a fuerza de talento y voluntad, sostiene todavía el prestigio de la clásica escuela cordobesa. Su espiritualidad, nota característica de su estilo, y el tono delicado que siempre arranca a la paleta, hacen de él un artista florentino, sólo que además tiene la fuerza de la inspiración y sentimiento que el ambiente andaluz, jocundamente intenso y luminoso, da a las obras artísticas de sus hijos.
Sorolla, el gran Sorolla, fue un día a visitar su estudio Sabido es que el temparemento estético del admirable pintor valenciano es completamente opuesto al de Romero de Torres. El del primero es fuerte, vigoroso, extremadamente colorista, avasallador; y el del segundo es suave, delicado, intenso, marcadamente espiritual. Son algo así como los dos polos del arte pictórico.
Pues bien, al salir del estudio y penetrar en el jardín que lo rodea, Sorolla, que debió experimentar una especie de transición de lo ideal a lo real, se quedó un momento en éxtasis, como si bañase su espíritu en aquel ambiente soleado y luminoso que ofrecían los perfumes de las plantas y la tranquila paz de la naturaleza.
POR ESOS MUNDOS 1 MAYO 1910 ARTE CORDOBES EL ESTUDIO DE JULIO ROMERO DE TORRES jpg – PROYECTOGARLO
Entonces, abandonándose al encanto que le producía aquello, exclamó:
– ¡Qué hermoso es esto!
Y, volviéndose hacía Romero de Torres, le dijo:
– Hombre, ¿por qué no pinta usted este verjel? Aquí hay plantas, flores, agua y sol… ¿No le inspira a usted nada todo eso?
Romero de Torres hizo un gesto indefinible ante aquella sincera pero inoportuna excitación que, dirigida a él, resultada una herejía artística. Y, allá en sus adentros, es posible que dejara retozar algún fuerte adjetivo, ahogado fiera y amablemente por el respeto que el ilustre maestro valenciano le mereciera.
Romero de Torres pertenece a una dinastía de artistas. Su padre fue, como él lo es ahora, profesor de la Escuela Superior de Artes e Industrias de Córdoba; su hermano también es pintor, notable y cultísimo publicista, investigador de arte retrospectivo y arqueología. En su familia hay allegados que figuran con justo renombre en la República de las letras. Esto trae a nuestra memoria una porción de biografías de artistas eminentes de los siglos pasados, cuyos deudos, en su mayor parte, artífices y cultivadores del arte fueron, y así éste parece que, agradecido a su constante devoción, los recompensara ungiéndolos desde la infancia con el hálito de la inspiración y la belleza.
– Para llegar a ser algo grande – díjonos una vez Romero de Torres – es necesario no solamente tener fe en el propio éxito, sino mirar el cultivo del arte con un respeto y un entusiasmo verdaderamente místicos, dedicándole toda la idealidad que seamos capaces de concebir.
Y así es que, como en un principio decimos Julio Romero, que frecuentemente a Madrid viene, vive, no obstante, establecido en Córdoba, con daño acaso de sus intereses, pero deleitándose en el ensueño que las calles silenciosas y casi siempre desiertas de la vieja ciudad, todo remembranzas, le ofrecen. Su mayor placer consiste en internarse por los barrios más típicos de la ciudad.
En estos paseos, Romero de Torres, observa tipos, admira capiteles, arcos y piedras labradas, que tanto abundan por todos los rincones de Córdoba – reliquias romanas y árabes – no siendo raro encontrarle en el fondo de alguno de aquellos magníficos patios que caracterizan la construcción andaluza, aspirando el perfume de las flores y el oloroso bouquet del montilla.
En estos paseos y excursiones, la imaginación del artista se exalta y sueña, recogiendo la mente aquellos fragmentos de poesía que luego el pincel traduce en los lienzos. Este es el proceso de la inspiración artística que anima sus cuadros, en los cuales refléjase maravillosamente la rica alma andaluza.
Roberto DE GALAIN, Por esos mundos, Madrid, 1910.

Transcripción literal realizada por Juanjo Garlo.

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