05 Jun Caminando por la calle Judíos en Córdoba.
La calle Judíos es la vía principal y más emblemática de la Judería de Córdoba, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Escribir esta novela desde la Casa Palacio de Cassas i Murillo, me llena de alegría y gozo, más hoy al recibir la visita de amistades del Japón y Birmania. Sr. Eustaquio, en los sueños veraniegos de junio, me llama para que vuelva a escribir el diario del arte, y hoy sin pereza cordobesa me he atrevido a pasear por la calle Judíos. Ayer en la tarde estuvimos cenando en el restaurante La Arbequina, ubicado en el Hotel Hospes Bailio, para terminar la noche en la terraza del Hotel Hesperia Córdoba con estas estimadas amistades orientales. Sr Eustaquio me solicitó localizar al guía oficial de turismo e intérprete del patrimonio cultural, Tomaso, para las visitas a la ciudad y provincia de Córdoba. Aunque yo por mi cuenta, deambulé por la judería cordobesa.
En el cuaderno de viaje «secreto», escribí estas anotaciones ante un medio de vino «Eléctrico» con tapa de queso añejo sazonado de miel de caña: «Hoy, 05 junio 2026, mis pasos se han encaminado hacia la Puerta de Almodóvar, dudé ir hacia Caballerizas Reales Córdoba Ecuestre o adentrarme en la ciudad histórica. Los palpitos me empujaron hacia el inicio de la calle Judíos, donde contemplé la placa homenaje a D. Antonio Jaén Morente, magnífico procer cordobés y amigo de la familia Romero de Torres. Estuve meditando en círculos antes de tomar la decisión de regresar a la calle Cairúan o con sigilo caminar por el empedrado solariego de esta tranquila calle de la judería cordobesa. Los recuerdos olerosos del buen vino, la compañía entre amistades y el buen hacer me empujaron a visitar con ojo avizor la Taberna de Guzmán. En época universitaria visitaba con regularidad a certámenes poéticos en la misma bodega repleta de tinajas ancestrales, mientras los versos enaltecían las bellezas de nuestra amada Córdoba. ¡ Qué recuerdos más intensos !
La calle Judíos tiene una longitud aproximada de 450 metros, comienza en la Puerta de Almodóvar, en el noroeste, y se extiende hasta la Plaza de Maimónides. Viviendas residenciales, apartamentos turísticos, y un destacado valor completa la historia de esta calle histórica, cercana a la Mezquita – Catedral de Córdoba, nos encontramos con: Casa Natal Antonio Jaén Morente, prócer cordobés, la Casa Andalusí, Museo de la Alquimia, Sinagoga de Córdoba, el Zoco Municipal de Artesanos Cordobeses, Casa Sefarad, Monumento de Maimónides, Museo Municipal Taurino.
En este camino iniciado, se nos presentan sitios históricos como esas ventanas a otros mundos, esos viajes al pasado, presente y futuro, son puertas de encuentro y desencuentro, recuperando la historia y conservando la Cultura. Es mi opinión.
Os invito a contemplar la Sinagoga con la lentitud requerida y necesaria, así la visita al Museo Taurino de Córdoba, tras una inversión y mejora de su museografía, te invita a conocer la historia de la Córdoba Taurina, y su vinculación con el adn cordobés. Siempre, si se puede, tomarse un vino con alcaparras o avellanas, o buen queso de la tierra, o boquerones en vinagre, tan necesarios en estos días de caló, así como sentir la ciudad en verano, en las mañanas fresquitas, hasta el mediodía siendo el momento de buscar un refrigerado restaurante u hospedaje para atesorar la siesta tan divina y privilegiada en el enjambre blanco de calles y plazas recónditas cordobesas. Si es con una alberca llena de agua fría, mucho mejor, o una piscina en nuestras azoteas históricas mientras se contempla la Torre de la Mezquita – Catedral de Córdoba. Llegada la hora del ocaso cordobés siempre es un acaecido paseo ir hacia la Puerta del Puente «Romano» para contemplar los atardeceres pintados por Julio Romero de Torres, siendo testigo la Torre de la Calahorra, como nos invita a sentir en su Museo Vivo de Al Andalus.
En la calle Judíos se encuentran destacados alojamientos para hospedarse, sintiendo el verdadero imán del patio cordobés, que nos invita a la infancia vivida en el caserón antiguo de la plaza de Maimónides, actual sede de un Hotel, aquí siempre me acerco a su patio principal para recordar la historia de una familia cordobesa cercana a mí. En este mismo lugar estuvo una de las casas de la «Santa» Inquisición, y en frente la llamada Casa de las Bulas, actual Museo Taurino de Córdoba.»
Este texto transcrito aquí, se lo enseñé a mi amigo Rafaé, en la tarde antes de ir a misa a la Iglesia del Sagrario en la Mezquita – Catedral de Córdoba. Él, nacido en la misma plaza de Maimónides, me hizo unas sugerencias «históricas». El Sr. Eustaquio también aportó su sabiduría y su amigo Guiomar, periodista cordobés de acervo solariego. El porqué de comenzar a hablar de esta calle histórica tan visitada por millones de personas al año, es por razones obvias de mis primeras vivencias juveniles al haber estudiado en la Facultad de Filosofía y Letras (1991-1997) y por trabajar en la Casa Palacio Cassas i Murillo, desde hace diez años, como ayudante y bibliotecario, entre otros menesteres «culinarios» y «secretos». Rafaé me indicó: «Todas las viviendas de esta calle, conocida antiguamente como la calle de los Judíos por haber estado habitada por miembros de esta comunidad, daban, a través de una muralla, a un arroyo que descendía de la sierra y desembocaba en el río. Este curso de agua aún existe en la actualidad. Desde el siglo XIX hasta mediados del XX, era costumbre durante los meses de invierno que, al caer la tarde, la dueña de la casa o algún familiar saliera a encender el tradicional bracero de picón. En las casas más acomodadas, estos braseros solían ser de bronce y estaban fabricados en Lucena; en las familias más humildes eran de chapa de hierro. Para calentarlos se utilizaba el picón elaborado por los conocidos piconeros cordobeses, que lo producían en nuestra sierra.»
Otro misterio de esta calle Judíos es su destino mismo hasta el Castillo de la Judería, actual barrio de San Basilio, como su vinculación con el recinto amurallado y el sistema de galerías subterráneas que existió e incluso una vecina también me enseñó un pasadizo, galería o pozo de escape hasta el río Guadalquivir. Se sabe, desde antiguo, la profundidad de estos pazos está al orden de unos 12 o 20 metros, de los cuales hasta el sexto no llegaba el agua de los acuíferos, labrando caminos subterráneos entre pozos de diferentes casas contiguas, creándose un verdadero laberinto hasta la misma Mezquita – Catedral de Córdoba y hacia el río. En la Casa Palacio Cassas i Murillo se descubrió la interconexión a los cuatro metros desde el brocal de los cuatro pozos de la casa, incluso los arqueólogos – espeleólogos hicieron varias catas en fincas contiguas, creando un verdadero sendero subterráneo. Usos varios para esconder cosas de importancia, para comunicarse entre las casas contiguas, como escape, o quizás para «divertirse» quién lo sabrá. Quizás en el archivo municipal de Córdoba encontraré alguna pista sobre este misterio.
Guiomar el amigo de Eustaquio lo ha investigado este asunto sobre el entramado de galerías o pasadizos desde que se inicio la urbanización de varias calles a principio del siglo XX, y en los años 1970-1980 en Córdoba, justamente antes de la declaración del Centro Histórico de Córdoba como Patrimonio de la Humanidad. En muchas de las casas los sótanos fueron tapados a conciencia por motivos de seguridad debido a los hurtos en las casas cuando se encontraban vacías. Es un estudio aún por deslumbrar en esta ciudad tan mágica y misteriosa. Recientemente la cadena de National Geographic ha publicado un documental sobre «Los Secretos de Córdoba» 2026, pero se podría hacer otro sobre los Tesoros Escondidos, ¿verdad, queridos lectores? Bueno en ese camino nos encontramos.
No Comments