01 May Zurbarán, Monet, Cuttica, Julio Romero de Torres.
Colección Romeo donde el Arte renace en un diálogo constante entre autores atemporales desde Londres y Córdoba
Hace una semana estuvimos en la visita de la Colección Romeo, cuya propietaria Mathilda nos enseñó sus últimas adquisiciones, sobresaliendo dos Zurbarán, un Monet, dos Julio Romero de Torres, un Valdés Leal, un Eugenio Cuttica, un Antonio López, tres Rafael Martín Toril, tres Garlo y una colección de grabados originales de Durero. Yo como enamorado de Zurbarán y Julio Romero de Torres sentí especial atención a la historia de estos lienzos. El encuentro aconteció en el Hotel Hesperia Córdoba en una cena privada en la azotea, que el grupo empresarial de esta estimada amiga organizó siendo invitadas personas muy cercanas al mundo del arte procedentes de Europa, Estados Unidos de América y Japón. Los lienzos fueron expuestos en unos elegantes caballetes, con sus respectivos expertos en historia del arte, entre ellos estuvimos yo con Gertrudis y mi ayudante Juan, sentados en una mesa cercana a Mathilda, amiga de mi hermano menor Narciso, que no pudo acompañarnos por motivos laborales con su empresa «Horizonte» en el estrecho de Ormuz. Fue una tarde noche inolvidable, aunque si pudimos invitarla a que visitará la biblioteca y la colección en mi casa palacio al día siguiente antes de su regreso a Londres.
Contemplar tan exquisitos lienzos con el sky line de Córdoba y música de jazz norteamericana, fue algo difícil de no recordar. Con el móvil satélite pudimos hacer una videollamada a Narciso, que se encontraba en el Sultanato de Omán, y pudo dar en una pantalla gigante pudo dar a todos los presentes un afectuoso saludo, así disfrutar del acontecimiento cultural. Fue tan privado, siendo publicado en prensa internacional inglesa, y creo que Juan en un blog iba a comentar algo. Lucía, nuestra amiga freelance de Reuters también hizo un reportaje para una revista norteamericana, bajo la supervisión de Mathilda.
De Eugenio Cuttica ha adquirido un lienzo en formato destacado a dos metros altura x seis metros de anchura, centrando en la feminidad y su conexión con la naturaleza, donde ahora la protagonista es Luna, una niña traslúcida que representará el Yin, es decir, la mujer que todavía no ha sido transfigurada. “Pinto para despertar conciencias”, aseguró Cuttica que si estuvo en la cena, siendo expresamente invitado por Mathilda, a lo que agradecemos desde la familia Cassas i Murillo, debido a que Gema, mi ahijada, escultora y pianista, próximamente viajará a Buenos Aires, siendo muy interesante fomentar esta relación artística. Además Eugenio anunció que sus obras estarán en las próximas subastas de Phillips Colection y Sothelbys, en NY. 2026. Vivimos una sesión muy espiritual con Eugenio y sus acompañantes, desarrollando un inicio de composición pictórica como regalo a Mathilda durante la cena. Juan estaba muy entusiasmado, es un fans seguidor de su trayectoria artística, desde que se conocieron en la exposición celebrada en Córdoba a través de la Fundación Cajasol en el año 2024.
De Julio Romero de Torres, aquí mi hermano Narciso ha colaborado en el proceso de adquisición a una familia sevillana; proceden del año 1929, siendo un encargo magnífico de dos jóvenes mujeres retratadas, nietas de un afamado comerciante del Perú. Existe más información, siendo rigorosamente privada. El dossier de estos dos lienzos lo custodio junto con el informe de mis tres Julio. Estuvimos gracias a la labor de Juan, mi ayudante, visitando el patio de la casa familiar Romero de Torres, donde Mathilda y su secretario principal estuvieron varios minutos solos en el patio contemplando las esencias de Córdoba ante la maravilla de esta joya jardín arqueológico romántico. Le obsequiamos con un dossier de trabajo elaborado de la historia de la saga artística familiar, junto con documentos inéditos manuscritos en fascimil para la colección romeo de Mathilda, que seguramente en su casa londinense ocuparan un lugar preferente junto con las dos obras adquiridas de Julio Romero de Torres.
De Zurbarán dos lienzos de su época juvenil (1633), excepcionales en la temática un «Cartujo de Jerez» y una «Escena Biblíca», tanto que en su casa de Londres estarán expuestos en el salón principal, como yo tengo uno de Valdés Leal en mi casa palacio cordobesa. Mathilda estudiosa como yo del barroco español, ha adquirido estas magníficas obras motivada por el interés de la National Gallery de Londres en posicionar al Maestro a los altares del Arte Español, más ahora que se celebrará hasta finales de agosto del presente año 2026 siendo la primera gran exposición monográfica en el Reino Unido dedicada a Francisco de Zurbarán, comisariada por Daniel Sobrino Ralston, Francesca Whitlum-Cooper e Imogen Tedbury, en colaboración con Charlotte Chastel-Rousseau (Musée du Louvre) y Rebecca Long (Art Institute of Chicago), y organizada por la National Gallery de Londres, el Musée du Louvre de París y el Art Institute of Chicago.
Sobre este evento cultural internacional, estoy escribiendo sobre Julio Romero de Torres, donde aparecieron unos legajos de la historia de la compra de varios Zurbarán por un inglés a mediados del siglo XIX. Creo de alto interés recuperar estos datos para su lectura, queridos lectores. Solamente voy a transcribir esta historia encontrada en la prensa de la época, en El Heraldo, Madrid, agosto 1852, con la siguiente crónica: «Parecerá cosa insignificante; pero a nuestros ojos está muy lejos de serlo, el hecho que se nos refiere en un comunicado que insertamos en nuestro número de ayer. Todos los periódicos han hablado de aquellos once famosos cuadros de Zurbarán, y otros grandes pintores, que se habían estraído de la que fue Cartuja de Jerez, sin que se hubiese podido averiguar su paradero, hasta que la casualidad quiso que los encontrase el actual Gobernador de Cádiz. Se dió tal importancia a este suceso, como la tendría en efecto a ser exacto, que la noticia se publicó de oficio en la Gaceta, en la parte mas visible de sus columnas y en la letra especialmente consagrada a las resoluciones más importantes del Gobierno. Todos nos felicitábamos por esta fortuna de las artes españolas, cuando hé aquí que el dueño de los cuadros viene a disipar todas nuestras ilusiones, asegurándonos que son su propiedad legítima, y que ni han sido de la Cartuja de Jerez, ni son de los autores a quienes se atribuyen. Sin embargo, lo que lamentamos en estos hechos no es la pérdida de nuestras ilusiones, sino la conducta que se ha seguido con el dueño de los cuadros, suponiendo que sea cierto, como tenemos motivos fundados para creer que lo es, lo que nos refiere. Siéndolo, debemos llamar seriamente la atención al Gobierno y esperamos de él que evitará con energía la repitición de hechos semejantes. En España, resultado de los hábitos inquisitoriales que hemos heredado de nuestros mayores, de la suspicacia, de los recelos y de los temors que traían consigo, no parece sino que la ley en su aplicación práctica parte del principio de que todos los españoles somos criminales, y que el mas leve motivo se nos puede exigir que probemos nuestra inocencia, al revés de lo que sucede en Inglaterra, donde el criminal mas perverso es inocente a los ojos de la ley hasta que se le ha probado el crímen y ha recaído la sentencia del Tribunal. Solo a estos lamentables hábitos podríamos atribuir, partiendo siempre del principio de que sea exacto lo que se nos refiere en el comunicado de Jerez, el hecho de que sin mas base que una simple delación, como si la tristemente célebre boca de león que ha dejado de bostezar en Venecia se hubiese trasladado a nuestro País, una Autoridad penetre en casa de un ciudadano pacífico y honrado, conocido por todos en su pueblo, se apodere de lo que se le ha dicho que es robado, sin que preceda a lo menos, y es muy paco pedir, un reconocimiento de peritos, y alarme a una familia y le eche encima un borrón que quizás será para siempre el tormento de su existencia, así como es desde luego origen de numerosos gastos. Repetimos que siendo cierto los hechso, este suceso merece la inmediata atención del Gobierno para impedir siquiera que se repitan, sobre todo en poblaciones donde los estranjeros abundan.
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