24 Dic Julio Romero de Torres en La Tribuna.
Periódico madrileño muy vinculado a la Familia Romero de Torres donde se encuentran tesoros artísticos
Este capítulo navideño del Diario del Arte se ha reservado para publicar comentarios escritos en La Tribuna por lectores del año 1916, ante la pregunta ¿Cómo gastarías un millón de pesetas?. Fue un descubrimiento casual de mi ayudante Juan en la biblioteca nacional de España, pues estaba investigando sobre la cartelería en publicidad, y zas apareció esta información. Con Gertrudis lo he hablado, llegando el momento de publicarlo. Es extenso, pero sabroso y colorista. Comprenderán que el primer volumen de El Diario del Arte está compuesto por 482 páginas, llenas de aventuras y desventuras por el mundo, vividas y soñadas por mi. Por cierto, me presento para los lectores nuevos. Mi nombre es Eustaquio García Cassas i Murillo, varón octogenario, …. y muy jovial. Lo demás lo irás descubriendo si quieres leer más, hacia el pasado y el futuro.
La familia ha llegado casi toda a la casa palacio ubicada en plena judería cordobesa. El grupo Horizonte está casi al completo. Narciso, mi hermano menor, ha tenido que viajar con urgencia a Ucrania y Países Bajos para concretar unos detalles de la próxima misión; pero en unas horas llegará al aeropuerto de Córdoba, yendo Rebecca a por él, aunque sea en el carruaje navideño, que todos los años decoramos para estas fechas, y con el paseamos por las calles de la ciudad. Sin dar más rodeos, si lectores os aconsejo que leáis los capítulos anteriores, para saber la trama diversa de la novela. Al lío, que me enrollo. Comenzamos.
A la pregunta: «¿En qué se gastaría usted un millón de pesetas?
¡En vivir bien… todo lo bien posible! Margarita Xugu.
En pasarme la vida jugando al bilar con el maestro Serrano y el apuntador Reparaz, y haciendo música en casa, con mis amigos. E. Sagi-Barba.
Su pregunta de «en qué me gastaría un millón de pesetas» no me es difícil contestarla. Lo dedicaría a lo mismo que en la actualidad: procurar por todos los medios conseguir la felicidad de los míos, y viviendo muy alerta para no tropezar con otro Tejada, por muy apoderado del «Crédito que sea». Vicente Pastor.
En comprar una buena finca para descanso de mis fatigas artísticas. Esther Oliver.
Mándenmelo, y les diré el empleo que le doy. María Morera.
En multas por infrigir el bando municipal sobre los piropos, pues cada día están las mujeres más hermosas. ¿ Verdad ? Eduardo Palacio Valdés.
En regalarle una perla a Lyda Borelli como la cabeza de Gatuella. Julio Romero de Torres.
En socorrer al necesitado. Manolete.
En viajar constantemente. Mercedes López Romero.
Pues en dar la vuelta a «este» mundo, recreándome, estudiándole y documentándome respecto de sus cosas para saber vivirlas hasta llegar al obligado viaje para el «otro». Araceli Sánchez Imaz.
Me dejaría abordar por todos los que vienen a sablearme, y en cuestión de ochos días, ¡liquidado! Loreto Prado.
En construir casas en la Gran Via, para duplicarlo. María Millanes.
Jamás he ambicionado una fortuna semejante. ¡ Es mucho dinero para una mujer tna chica ! Pero si pudiera disponer de un millón de pesetas para gastarlo a mi antojo, mientras el millón diera de sí, procuraría evitar el dolor de saber que en Madrid hay quien se muere en la calle de hambre y de frío… Amalia de Isaura.
Ahora en nada, porque no lo tengo. Caso de llegar a poseerlo, lo gastaría en una ganadería brava. Juan Belmonte.
En la cédula, pagar el inquilinato y en ver si me alcanzaba para comprar aunque no fuera más que un kilo de patatas. Carmen Andrés.
En lo que Don Juan Tenorio gastó toda su fortuna. Agustín Hidalgo.
¡¡¡¡ Un millón de pesetas !!!! Pero, ¿existe esa cifra en alguna parte?. Yo creo que no hay quien posea esa cantidad. Tengo datos fidedignos de que los reyes del acero, del petróleo, del carbón, no han conseguido nunca reunir esa fabulosa cifra, y luchan desesperadamente para lograrlo. Pero… en fin… se empeñan en que diga cómo emplearía un millón de pesetas, y voy a complacerles. Construiría un teatro coquetón, bonito, elegante, un verdadero «boudoir», adonde el público tuviera que ir forzosamente para apreciar el conjunto de detalles de la coquetería femenina que me adorna, gracias a Dios. En ese teatro gastaría… 250.000 pesetas. ¿Y las otras 750.000? Pues… no las gastaría, porque yo soy muy aficionada al dinero, y gusto mucho de cobrar el cupón. Y… siento mucho no contestar más que a la cuarta parte de la pregunta. Chelito.
No aspiro a tener un millón de pesetas, así es que no se me ha ocurrido pensar cómo y en qué me lo gastaría… Seguramente, «en lo que todos: en aparentar que en vez de un millón tenía cinco o séis; y, mientras tanto, los hambrientos seguirían congelándose en la «cola» de la Casa de la Moneda… ¡Yo, como ven ustedes, en esto soy romanonista!… El Caballero Audaz.
¡Un millón de pesetas! Lo pongo así, entre admiraciones, son muy poca cosa, con ser tantas, esas pesetas juntas. Si me preguntaran qué cantidad necesito para llegar a fin de mes con algún dinero, me pondrían en un apuro muy serio, porque, la verdad, no he logrado averiguarlo todavía.
Con un millón de pesetas, compraría mucho bicarbonato. ¡Oh, el bicarbonato de sosa, la panacea universal! Después compraría algunas consciencias y cerraría todos los cinematógrafos, a poder ser, y, por último, compraría amor. Así, como se lee ¡¡ Compraría amor !!
Ya va pasando mi época de galán. Fue allá, en los días casi remotos en que empecé a gastar este monóculo, entonces prenda elegantísima, que ahora es como una ridiculez anacrónica al contrastar con lo modesto y absurdo de mi indumentaria. Entonces yo vestía bien, tenía el pelito negro y cantaba como un ruiseñor. Ahora… ¡voy para característico! Tengo color de ceniza la pelambre, una tos matinal de anciano en un estreno, unas palpitaciones anormales donde la gente normal tiene el corazón; soy maniático, neurasténico, artrítico, hiperestésico, albuminúrico, colérico y abúlico, y con todos estos alilfafes esdrújulos hacerse amar cuesta muy caro, tanto, que su milloncejo de pesetas me parece…¡eso!…¡una porquería!. No quiero, pues, el millón, como no sea en cariño, que con tantas pesetas, ni habría de resucitar a la que murió una tarde del pasado invierno, ni habría de recuperar mi juventud, que Ella se llevó para siempre al mundo desconocido, donde me espera. Quiero a esta pobre vida – rica de sueños y sin inquietudes utilitaristas -, y quiero (no se lo digas a nadie, lector) que me prestes cinco duros que me están haciendo muchísima falta. Felipe Sassone.
Aunque dude del remedio, en cataplasmas para crecer. Conchita Gámez.
¡Qué cómo me gastaría
ese millón!…, No es dudoso.
Yo se lo regalaría
a don Antonio Barroso…
(¡Que no es mi contestación
verdadera!… ¡Claro está!…
Pero ¿es que es cierto el millón?
Pues entonces… ¡qué más da!) Luis de Tapia.
No lo voy a tener nunca; de modo que ¿para qué hacer «gastillos» en el aire? Teresita Saavedra.
Me lo gastaría en… seguida. Argentinita.
Dadme primero el millón…, y después hablaremos… Ernesto de Vilches.
Alcalareño, que se encuentra embarcado, rumbo al Perú, nos ha contestado con el siguiente «marconigrama»: «Alta mar. Bordo vapor «Barcelona». Agradecidísimo TRIBUNA acordádose mi humilde persona. Parte millón pesetas dedicaríalo construir Plaza Toros saciar afición tengo, «hinchándome» torear. Algo guardaríalo evitar nuevos viajes América, pues barco produceme más pánico que teniendo delante «miureño». José García, Alcalareño.
¡Un millón de pesetas! Seguramente nos retiraríamos de la escena, dejando a nuestros compañeros menos afortunados que continuasen cultivando su arte. Trescientas mil pesetas serían suficientes para asegurar nuestra existencia y la de nuestra familia. El resto lo emplearía en aliviar miserias e infortunios, en hacer felices sobre todo a las inocentes víctimas de la guerra europea. Los Léger-Léa.
A la hora de contestar me encuentro perplejo y aunque breve, explicaré mi fundamento. Yo no he sido nunca un «filósofo» bancario; no he cultivado ni por ensayo el ahorro, ni aun en mis sueños de niño pasó por mi imaginación la idea de ser potentado; soñaba otras cosas, no sé si mejores o peores, pero nunca con papel de crédito, ni con minas fastuosas, ni con acciones de un gran «trust». Claro que se pueden tener grandes ideas sin ser capitalista; pero la falta de costumbre me hizo no pensar en ello. ¡Si me hubiera usted preguntando en qué aplcaría mis buenos tres duritos! Ricardo Puga.
La pregunta que me «dispara» LA TRIBUNA me sumerge en un mar de confusiones. ¿Qué haría yo con un millón de pesetas? Pues no lo sé. ¿Comprar un «yate»? (ahora que los caminos marítimos están tan seguros), ¿un «avión»? ¿dar la vuelta al mundo? (no a pie). ¿o adquirir un hotelito, coquetón «a la par» que campestre, deonde viviera «relativamente» alejada del mundanal ruido? Esto me parece lo más acertado. Soy sencilla «como la violeta». Claro que ncon ese fantástico millón yo compraría…, qué sé yo…, una cosa mucho más fantástica todavía: la felicidad «garantizada o inalterable»; pero como este artículo no se podría adquirir en el «magasin» como… el jabón Flores del Campo, habría que renunciar a la compra. En cambio tendría muchas satisfacciones… ¡Eso de hacer mis comedias… cuando quisiera solamente, y sin órdenes de un señor García, Pérez o Bermúdez! En fin, basta. Preveo que el dichoso milloncejo ha de llevar a muchos espíritus un soplo de rebelión. Conchita Robles.
En fresas y en brillantes. Las dos cosas me gustan extraordinariamente. Josefina Roca.
En comprarme una hamaca y dos negros para que me hicieran aire, ¡y vaya una vidita!… sobre todo, fresca. María Berri.
Probablemente, en nada útil. Adela Carbone.
Un millón y cincuenta que tuviera gastaría en combatir la filoxera. Enrique Cantalapiedra.
En que esa cantidad sirviera de base para fundar una gran Casa de salud y recogimiento a cierta edad, para todos los artistas, líricos y dramáticos españoles, cuya necesidad les obligase a ello. V. Aparici.
Esta es una selección de respuestas, la más resumida y representativa. Juan se puso a curiosear más, encontrando estos datos históricos sobre Julio Romero de Torres: «La Familia Real en La Tribuna 1916. Después del Consejo, que duró cerca de una hora, el señor Burell quedó hablando con el Monarca durante algún rato, y al salir manifestó que el Rey y él habían conversado acerca del nombramiento del nuevo profesor de la Escuela Especial de Pintura, don Julio Romero de Torres.» 30 marzo 1916.
29 marzo 1916 «Romero de Torres. Hoy ha firmado el Sr. Burell el nombramiento de profesor de la Escuela Nacional de Pintura a favor del ilustre pintor cordobés, nuestro querido amigo, don Julio Romero de Torres. El Consejo de Instrucción pública informó favorablemente, por unanimidad, el nombramiento. El Sr. Burell, en su anterior estapa de ministro, propuso al Sr. Romero para la encomienda de Alfonso XII.»
Pienso, o se piensa en la familia Cassas i Murillo que son referencias a destacar. Como regalo para el año 2026, os hemos preparado una semblanza encontrada por mi en la lectura de todos los números de La Tribuna, dice así el titular «Retratos. El pintor del recuerdo melancólico.»
Córdoba. Vívía en una calle retorcida, empedrada de morrillos, larga. Junto a una posada, alto de trajineros y corsarios, que al llegar, antes del sol, hacían escándalo en la ciudad callada, con sus gritos entre la alegría de las colleras. Tan famosa era esta posada por su buen vino áspero y grueso, como por la Mencigüela que servía detrás del mostrador. Una escanciadora rústica, bella como un cardo y cariciosa como el atardecer. La casa donde vivía ella, junto a la posada, era una paloma de blanca y de limpia. Tenía una azotea llena de macetas. Como un jardín colgado. Y los cuarterones de las ventanas, azules. Las noches sin luna, recatados en el embozo de la capa, el pavero sobre los ojos, íbamos a verla. El callejón estaba tan solitario, que el eco de nuestras pisadas era un ruido medroso. Y antes de llegar, ella, tras la reja hecha tapiz de la enredadera, nos gritaba jubilosa: –¡Charran!
Entonces éramos estudiantes y muy queridos en Córdoba por buenos mozos, por alegres y por simpáticos. Teníamos la salud de la risa. Y una veintena de años. Todo se fue. Ahora, ¿qué será de aquella mocita fresca y morena? ¿Se llamaba Fuensanta? ¿Luz? ¿Encarnación? Casi no nos acordamos. Era… Nuestro recuerdo en un otoño que no puede revivir aquella primavera. Tenia los ojos negros, acostados entre las pestañas largas, suaves. La boca prieta y pequeña. ¡Oh los sabrosos besos, cogidas las manos! De color, tostada y sana. Y el pelo una seda ondulante. Y los pechos dos manzanicas. Hoy nos parece que era pálida, con ojeras hondas, de pasión y de febrilidad. Esbelta, flexible, elegante. Pie y manos breves, finas, marfil. El mirar triste y lejano. Y la sonrisa, un desencanto. ¿Cómo era nuestra novia de la reja, en Córdoba? Sí. Pálida, alta, trista. Como una monja, como una abandonada.
Las mujeres que pinta Romero de Torres son el recuerdo de unas mujeres que hemos querido. En alguna reconocisteis a aquélla, que no sabéis cómo se llamaba, y que fue un pájaro que cortásteis las alas, y se estrelló la cabeza contra el suelo al querer volar.
Estas mujeres andaluzas, bajo cuya cara serena arde el deseo, como una llama inextinguible, están retratadas por Romero de Torres con verdad y justeza, hermanada de puesta y de melancolía. Son ellas así, aureoladas de la indecisión de todos los recuerdos, y adornadas solamente de su sencillez. Romero de Torres, que es un exquisito y un sentimental, sabe describir en los ojos de ellas todas sus tristezas y no recargar de adornos la figura. Así ésta es más precisa, más rotunda.
La estilización, la espiritualización de las mujeres «es» en Romero de Torres, por temperamento. Quizá sea éste el pintor más literario de España. Un literato, que de escribir, sólo hubiera hecho versos.
Los críticos sesudos de ahora – abominación para los críticos que catalogan las individualidades – han encasillado a Romero de Torres en el Primitivismo. Sólo este error basta para dar una idea de la perspicacia de estos Maeses Reparos, altisonantes y huecos.
Romero de Torres tiene una personalidad tan indefinida y tan arbitraria, que en España no se pueden buscar sus antecedentes. El refinamiento y la sutilización de Romero de Torres son italianos. Romero es más pintor de la decadencia que del Primitivismo. Más del crepúsculo de la noche, que del amanecer.
Maralta, Dolci están más cerca de Romero de Torres que Gentile da Fabriano. En algunos cuadros de nuestro compatriota, hay detalles agrios, rebuscamientos de dibujo, de color, que son de la decadencia. Esto no quiere decir que dentro de la armonía total, desentonen esas, que pudiéramos llamar perversidades espirituales. Están hechas de propósito, para que resalte aún más el arcaísmo de su estilo.
Romero de Torres, es alto, moreno, cenceño, recio. Tiene los ojos hundidos bajo la pesadumbre del frontal, como una bóveda, la boca nerviosa y fina, la nariz corva. Se ríe, pocas veces, con un estrépito de campanillas, y es serio, callado y observador. Si tuviera tiempo, dedicaría su vida al donjuanismo, a los toros y a tocar la guitarra.
Cuando Romero de Torres llega donde le esperan, saluda a lo torero, con la mano, y lanza – buen cordobés – un: – ¡ A los güenos días, señores !
TOMAS BORRAS.
Caricatura de BAGARIA.
Hasta aquí, he llegado hoy, la familia está cantando villancicos en el comedor chimenea, yo he subido un momento a la biblioteca para escribir estos descubrimientos, quizás no tan conocidos por el mundo, pero aquí se publican.
Por cierto, el escritor de este Diario del Arte, está muy contento con la preparación de nuevos proyectos culturales. Yo no os he contado nada, abrazos Feliz NocheBuena y Navidad.
Al-Raqim un viaje a través de la Caligrafía Árabe.
La exposición se presenta por primera vez fuera de Qatar en el Palacio de Congresos de Córdoba, sede técnica de la fundación. Córdoba acoge, por primera vez, la exposición in
15 Feb Art Exhibition Teherán Córdoba 2026.
Art Verse is a virtual art gallery dedicated to showcasing the creative voices of artists from Iran and around the world. » Art Exhibition «Iran and Spain Virtual Painting Exhibi
Córdoba vibra con III Sementales PRE 2026.
En Córdoba se vive, se siente, se experimenta las bellezas de nuestra ciudad en un lugar mágico, Las Caballerizas Reales Nota de prensa. Elaborada por Juanjo Garlo, 14 febrero 20
14 Febrero San Valentín en Córdoba con Garlo.
En Córdoba se vive, se siente, se experimenta las bellezas de nuestra ciudad en un lugar mágico, Las Caballerizas Reales Ernesto siempre me ha orientado bien en los eventos ecues
Visita oficial del príncipe Guillermo a Arabia Saudí.
El príncipe Guillermo de Gales realizó del 9 al 11 de febrero de 2026 su primera visita oficial a Arabia Saudí El príncipe Guillermo realiza su primera visita oficial a Arabia
Secretos de Galia la amante de Narciso.
Vivir siendo su Amante para crecer en la tierra de los pecados con mi Narciso… Escribiendo en la alcoba de la suite premium de esta maravillosa ciudad de Kiev, donde recuerdo
La espiritualidad del arte en Eugenio Cuttica.
ProyectoGarlo se acerca al universo de Eugenio Cuttica a través de sus pinturas y filosofía de vida Biografía.- Eugenio Cuttica es uno de los grandes representantes del arte con
Al Fursan Endurance AlUla consolida a Arabia Saudita 2026.
Al Fursan Endurance AlUla consolida a Arabia Saudita como referente internacional del raid ecuestre en 2026 Al Fursan Endurance AlUla consolida a Arabia Saudita como referente inte
No Comments