09 Nov La Verdad es lo que perdura en el recuerdo.
Mujeres que tienen acento popular y porte señoril, ofrecen los calientes pechos incitantes, mientras las manos finas señalan
MI HOMENAJE A TI, JULIO ROMERO DE TORRES EN TU NACIMIENTO 09 NOVIEMBRE 1874.
«Mujeres que tienen acento popular y porte señoril, al mismo tiempo; ofrecen los calientes pechos incitantes, mientras las manos finas señalan un ademán casto y suave. Promesa carnal con unción religiosa.»
Desde el mismo patio del Museo Provincial de Córdoba, año 1911.
Hablábamos en el patio del Museo provincial que regenta su hermano, como antes lo regentó su padre. Hay en medio una fuente que borbota con alegría bajo el cielo azul. Desde las paredes claras cuatro caminitos de tradición mora hechos de canto rodado llevan a ver la pila donde se mueven lentamente unos pececillos de naranja brillante. Luz intensa. Silencio. Quietud. Es el patio de un convento desamortizado que, aún no siéndolo, guarda, como todo lo cordobés, cierto sabor mudéjar.
A un lado está el Museo, en la nave del templo, llena hasta rebosar de cuadros que se amontonan por falta de espacio: un Murillo, un Valdés Leal, un Zurbarán, un magnífico Ribera y la colección admirable de primitivos españoles, algunos cordobeses.
En la salita de escultura dominándolo todo, antiguo y moderno, un busto campesino de Julio Antonio, artista muy joven, que hará hablar mucho de él, y que se llamará Julio Antonio de Córdoba, cuando haya realizado su monumento a «Lagartijo». A otro lado el estudio, y atravesando un jardín o patizuelo irregular, florecido de naranjos, la vivienda. Al fondo de una puerta diviso el arranque de la escalera, y por ella asciende sin ruido una graciosa figurita florentina.
Tan íntimo, tan recogido es este Museo familiar donde despertaron a su vocación los Romero de Torres, que me parece ver flotando sobre él todo el espíritu exquisito y cultivado de la ciudad.
Tiene, como Córdoba, la tradición; tiene dentro la fuerza creadora. Allí están esas mujeres pensativas, de cara pálida, frescas y firmes de cuerpo, que suele pintar Romero con un libro en la mano o un nardo. Ante los lienzos no tengo más remedio que reconocer mi error. Hay alguien en Córdoba que sabe sacar partido de Córdoba.
Esas mujeres, con sus tonos cálidos rebajados de intento – los cielos oscuros a fuerza de profundidad -, y la mirada pasiva, como si esperaran, no necesitan detalles locales, la esquina de una casa con un solo hueco en lo alto, el tejadillo volado, la sierra, para mostrar su origen cordobés.
Pero junto a ellas he visto un retrato que acaba de pintar Romero de Torres: el de Pastora Imperio. ¿Cómo está «la Imperio»? como debe quedar en la leyenda de su arte, intangible para el Gallito y para la muerte, con su aire de dominadora y sus ojos de tigre revelando terribles energías internas.
Lleva la mantilla tendida y el brazo derecho, que iba a alzarse sobre la cabeza, se detiene en un gesto soberbio para desplegar todo el vuelo del lienzo transparente. El pecho, ceñido, rebosante; el talle, de amazona, muere en una larga saya bizantina, bordada de oro. Toda la figura tiene algo de hierático, y la belleza del modelo adquiere no sé que misterioso realde como si hubiera acertado a representar un esfuerzo del alma.
– He visto ahora a la Pastora Imperio, que hoy ya no se llama la Imperio, y hablando de este retrato, me ha dicho:
– Yo no sé lo que tiene ese demonio de cordobés, que con mirarme a los ojos me «arrebañó» por dentro.
Son los ojos y es también el leve fruncimiento de la boca que señala una voluntad.- Ninguno, entre todos los retratos cordobeses, puede tener tal gesto de dominio, porque no me parece aventurado decir que al genio de la raza sólo le falta eso: la sonrisa de la acción.
Luis Bello. En el Imparcial, año 1911.
Luis Bello Trompeta (Alba de Tormes, 1872-Madrid, 6 de noviembre de 1935) fue un escritor, periodista y pedagogo español. Nació en 1872 en la localidad salmantina de Alba de Tormes. Abogado en el bufete de José Canalejas, empezó su vocación periodística en 1897 en el Heraldo de Madrid redactando extractos de las sesiones del Congreso. Pasó después a El Imparcial y luego fue redactor del semanario España. Firmó la protesta por la concesión del premio Nobel a José Echegaray.
Fundó luego La Crítica y marchó a París como corresponsal. Allí escribió el libro El tributo a París. A su vuelta retoma las colaboraciones en El Imparcial, cuyos Lunes de El Imparcial se encarga de dirigir, y escribe en El Mundo y El Radical. Funda la revista Europa y dirige El Liberal de Bilbao, pasando finalmente a las filas de El Sol, donde realizó la obra por la que fue principalmente conocido: una campaña en pro de la escuela nacional. (Fuente Wikipedia, donde sigue la biografía resumida).
LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PINTORES Y ESCULTORES HOMENAJE 150 ANIVERSARIO 2024.
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