Anoche observamos un resplandor luminoso en tonos amarillentos ocres rojizos en la Sierra de Córdoba,
Todo comenzó en calma y sosiego visitando El Patio, en frecuencias nocturnas, nos reconocimos en el instante de la tarde, pero sin saber si nos volveríamos a encontrar. Ahora tras varios viajes por Europa, recordamos el instante en nuestra memoria, tanto que la luz de la Sierra de Córdoba se estrelló en miles de colores vibrantes cuando nos reencontramos en una situación «digital» sorpresiva e intensa porque ambos estamos en esa dimensión del «Vivir se». (Preámbulo de la novela nueva).
La historia es….
Mar es amiga de Rebecca y nuestro ayudante Juan es de la familia. Siempre con sus conexiones espirituales a seres especiales. Hace unos meses surgió la magia en un encuentro fortuito ante el templo de San Andrés. Caminando iba él con sus despistes oportunos, hasta que tropezó con Mar. Tal belleza es ésta cordobesa, que Juan, se le tragaban las palabras, mira que es de verborrea literaria. Nuestro ayudante nos contó a Gertrudis y a mi toda su proeza con ella, Mar, su Musa. Creo que en esta noche de feria es necesario narrar lo acontecido en estos meses con ellos dos.
Rebecca está muy feliz, que su amiga de la infancia esté conociendo a Juan. Ella fue testigo de la unión. Una tarde estando con Narciso en la plaza de las Tendillas, en Córdoba, vio a su amiga Mar sentada con Juan en la Flor de Levante. Mientras se comían un helado exquisito, veía a Juan leerle a su amiga un libro poético, cuyo título decía: «Los besos eternos que ese día nos dimos». Rebecca con sus anteojos de «espía» reconoció el libro y contempló como su amiga le brillaban las pupilas de sus ojazos. Juan seguía leyendo ensimismado los versos, que siempre en casa nos ha recitado en la fiesta de abril. Ese día se lo leyó con entusiasmo a su Musa, por fin. Lo cuento todo porque en sus sueños, siempre estuvo ella, y al verla en El Patio, supo quién era en el instante.
Narciso y Rebecca han colaborado como estrategas en seguridad a crear ambiente tanto que se fueron los 4 varios días de acampada a la Subbética Cordobesa para contemplar sus bellezas culinarias, castillos, museos, cortijos rurales y sitios arqueológicos como en Almedinilla, con el Dios Hynos, por ejemplo. En la familia sabemos del espíritu de Juan, y Rebecca conoce bien a Mar. No obstante, la magia surgió mutuamente, ambos venían de experiencias vividas, los viajes fueron diálogos de aprendizaje para sentirse más vivos. La verdad que a Gertrudis le he preguntado por ellos dos, a lo que siempre me contesta: «La vida fluye, todo sucede por algo, las coincidencias, los instantes, los momentos, los corazones hablan por sí solos, y más en nuestra Córdoba lejana y sola, los sentimientos se hacen más cuerpo, más olor intenso y más cercanía».
LAS MUSAS DEL PATIO CASA FAMILIAR JULIO ROMERO DE TORRES CÓRDOBA
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