25 May Rafael Romero Barros en Córdoba Mayo.
La Familia Romero de Torres y la Feria de Ntra. Sra. de la Salud – Feria de Córdoba – mayo.
Córdoba finaliza con broche de oro su Mayo festivo en el recinto ferial de ‘El Arenal’ con el inicio de su famosa feria del 24 al 31 de Mayo, la misma que fue una constante en la obra del Pintor Cordobés Julio Romero de Torres, y que se manifiesta en los carteles, acuarelas, dibujos y en las diversas ilustraciones en la revista «La Feria de Mayo en Córdoba», pero ¿De donde le llegó la inspiración para retratar tan fantástica y fielmente está Feria tan característica del Mayo Cordobés?.
Su padre, Rafael Romero Barros, nació en Moguer, pero es de origen cordobés, ya que su padre, era de Pozoblanco, y su madre, de la capital, llega de Sevilla a Córdoba en 1862 con su esposa y su pequeño hijo Eduardo, para tomar posesión de su nuevo destino como director del Museo de Pinturas, el mismo año de la famosa visita de la reina Isabel II. Durante la década de 1880 se centra en el paisaje urbano y arquitectónico de Córdoba, adentrandose en el movimiento pictórico romántico cordobés, de carácter costumbrista, excelente referente de la iconografía de la ciudad y de los hábitos de sus gentes durante el siglo XIX.
Crea un clima cultural en el hogar que estaba formando, y en el que sus hijos crecian en un cálido ambiente que solo el arte y la cultura te puede ofrecer y aunque no se le conoce una participación directa en la feria de Córdoba, ni hay constancia de que se haya involucrado directamente en la organización de la misma o pintado directamente sus escenas, en su obra «Domingo en Córdoba a las Orillas del Guadalquivir» de 1884, crea una obra que refleja la belleza y la vida festiva cordobesa, destaca por su tratamiento de las transparencias y reflejos en el agua e incluye elementos de las festividades como parte de su identidad, y como elemento importante de la vida cultural y social en su época, desarrollando así su papel en la conservación del patrimonio y la educación artística de esta ciudad milenaria, y este ejemplo fue fundamental para el contexto en el que sus hijos, Julio y Enrique, desarrollaron su obra, que sí incluyó la feria como temática en algunas de sus obras.
El paisaje al aire libre fue uno de los temas favoritos del patriarca de esta Saga Familiar de artistas, y usualmente se perdería por los alrededores de Córdoba para captar la naturaleza con su riqueza de matices, su cambiante luz y su misterioso atractivo, escogiendo así un paraje del río Guadalquivir con sus aguas vivas y cristalinas, surcadas por animadas barquitas de recreo que van a reunirse en su margen izquierda, para dejar grabado en esta pintura de pequeñas dimensiones y casi en completo, un espacio tan icónico como lo es la fachada del casco histórico de Córdoba hacia el Guadalquivir y reflejando el momento jubiloso y el ambiente jovial del comienzo de un perol en las orillas de este gran río, propio de la Fiesta de San Rafael. En el fondo podemos ver la catedral bajo un cielo azul y nubes blancas, y al otro lado del rio, un grupo de personas sentadas en la margen derecha, pasan un día tranquilo y agradable: uno de ellos toca la guitarra, y algunas señoras se abanican, mientras otras esperan la llegada de nuevos grupos de personas que llegan en barco a través de las tranquilas aguas del gran río.
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