31 May Claudio Marcelo es símbolo de orgullo para la ciudad de Córdoba.
Posted at 08:42h
in ESCULTOR MARCO AUGUSTO, JORGE BUSTAMANTE, NOTICIAS
by Jorge Bustamante
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«Viajar en el tiempo es un goce total, más en esta ciudad milenaria, donde pasado, presente y futuro se fusionan en nuestra vida diaria».- Juan José «GARLO» García López.
Es una lástima que esta magnífica escultura se encuentra con la falta de iluminación, de limpieza y la presencia de olores desagradables cuando te asomas por la calle de acceso. La actual imagen de la ciudad turística en este lugar es inaceptable, y el que esté rezagado y protegido del trasiego de miradas en el interior del Templo Romano, manteniendo las distancias, impide vivir la experiencia envolvente de rodear la escultura y descubrir sus detalles y matices. En Proyecto Garlo estamos más que seguros que en época del gran Marco Claudio Marcelo, esto no sucedería.
Subiendo desde Capitulares a la Plaza de las Tendillas, junto al Templo Romano, una monumental escultura atemporal de seis metros y tres toneladas, se levanta imponente. La calle que lleva su nombre, aunque no fue el primero que tenía, “Nueva” le decían, ya que cosía la vieja urbe con la nueva, y aspiraba a modernizarse. Cómo si del destino se tratará, tu fundasté una nueva ciudad, muy importante en su época, creando un genial paralelismo. Esta ubicación no solo lo honra, sino que también conecta su legado con el antiguo foro romano, el centro de la ciudad y el edificio en el que reposa, que tiene una relevancia vital, tanto en materia religiosa como en el civil, de la Córdoba romana visible. Obra del cordobés Marco Augusto Dueñas, conocido por su trabajo en esculturas históricas y contemporáneas, famoso por tener unas magníficas obras en el Vaticano, al lado de las de Miguel Ángel, presenta la figura de Marco Claudio Marcelo, quien fundó Córdoba en el año 169 a.C., con preciso rigor histórico, y plasma su personalidad, y la peligrosa atmósfera que se respiraba por ese entonces en Roma.
«» Tres escenarios marcaron tu carrera: Roma, Córdoba y Numancia, tu impresionante cursus honorum fue intensa y completa, a lo largo de tu vida, ocupaste cargos importantes como pontífice, senador, tribuno de la plebe, pretor, fuiste cónsul en tres ocasiones y cuando fuiste general, te enojaste y apenaste por la muerte del genio Siracusano Arquimedes, ya que habías ordenado que no se le hiciera daño alguno; valorabas su ingenio y a sus máquinas inventadas para defender su ciudad y sus estudios matemáticos, físicos y astronomícos, que son famosos hasta el día de hoy, demostrando tu respeto y admiración hasta con el enemigo. El Emperador Augusto te apreciaba, no solo por ser su sobrino y yerno, tanto, que mando a edificar en tu honor el «Teatro di Marcello» en Italia, uno de los ejemplos mejor conservados de teatros romanos en la actualidad, descubierto en el siglo I d C. parcialmente enterrado y cubierto de edificios más recientes, el mismo siglo en la que Corduba sufre una importante monumentalización, que indica la importancia de esta ciudad dentro de Hispania y del propio Imperio, como capital de provincia Bética, alcanzando un alto grado de romanización, y coincidiendo con la construcción del Puente Romano, el mismo que se convirtió en única vía de comunicación entre la zona norte con el sur de la ciudad, y del resto de Hispania con la Bética. Una época en la que no se reparaba en grandeza, ya que esta formaba parte de la propaganda comercial del imperio, elemento fundamental de Roma.
A pesar de lo irregular del terreno de la ubicación que elegiste, esta tuvo una gran importancia estratégica, una combinación entre una estructura de campamento militar, y una geografía accidentada que ofrecía posibilidades naturales de defensa, dejando sin ocupar la zona del río, conformando su característico aspecto exterior, potenciado por la imponente muralla que desde el momento fundacional rodeaba la ciudad, antes que todo el lienzo meridional de la muralla republicana, fuera demolida para proceder a la ampliación de la misma.
Sabemos por Estesícoro en su «Geroneida luchando contra Heracles», que llegaste a Hispania, enviado para sustituir a Quinto Fulvio Nobilior, quien había fracasado en sofocar la rebelión de los descendientes de Tartessos. Que no gobernaste a sangre y fuego, y que fuiste prudente en tus medidas, supiste ganarte el apoyo de los habitantes mediante actos de clemencia, controlaste el valle del Jalón y estableciste tratados con los nativos.
Tu gran visión política estratégica, se dremostró, cuando una embajada de los Arévacos intentó negociar la paz en Roma, y el Senado te desautorizó, acusándote de indolencia. El cónsul Lucio Licinio Lúculo fue enviado para continuar la guerra y al enterarte de la decisión del Senado, fingiste un ataque contra los pueblos locales, quienes se sometieron sin resistencia en un pacto preestablecido, de este modo, firmó la paz en Numancia y dejó la provincia pacificada a su sucesor.
Los vestigios de un poblado indígena localizado en el Parque Cruz Conde cesan en un momento indeterminado del siglo II a.C., confirmándose que aquella primera comunidad cordobesa dejó de existir coincidiendo con la presencia romana en esta zona. Tu cuerpo trascendió en Numidia mientras viajabas en barco como embajador de Roma ante el rey Masinisa, pero tu corazón y tu inmensa figura permaneció en Córdoba, convertida en este eterno mármol blanco de Carrara, tan eterno e inmortal como Tú»»-
Este gran cónsul romano tiene más en común con su escultor, que solamente el primer nombre; los dos conjugan con letras doradas lo antiguo con lo moderno, su poder de pacificación esta bien marcado, su alto y atinado nivel de estrategia en la elección de emplazamiento para realizar su obra y por ultimo pero no menos importante, ambos llevan por ojos corazones.
"Viajar en el tiempo es un goce total, más en esta ciudad milenaria, donde pasado, presente y futuro se fusionan en nuestra vida diaria".

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