El enigma de Leonardo da Vinci – ProyectoGarlo Córdoba

El enigma de Leonardo Da Vinci.

La universalidad de conocimientos y aptitudes de aquel florentino inmenso, sencillamente abruma.

Santa Ana de Leonardo Da Vinci – ProyectoGarlo Córdoba
Santa Ana Leonardo da Vinci el cartón Plattenberg es del año 1501.
Estando en Italia hace veinte años, tuvimos Marta y yo, el privilegio de contemplar varios dibujos ocultos e inéditos del gran maestro Leonardo da Vinci. El tío Pascuale de Picolo nos invitó a visitar varias colecciones artísticas en la ciudad de Roma, y en un Palacio, no recuerdo el nombre de la familia, nos enseñaron estas joyas del arte renacentista. A Gertrudis le obsequiaron con la revista Caras y Caretas, Buenos Aires, 1910, sabiendo que disponía de la editorial, que os transcribo aquí su contenido. Actualmente en la casa palacio estoy realizando una investigación junto con Juan sobre las pinturas de Leonardo da Vinci, por gusto y por la máxima actualidad de este personaje junto con un pintor del Piamonte que realizó los frescos del Sagrario de la Catedral de Córdoba en el siglo XVI, Cesare Arbasis, en relación a la presencia de María Magdalena o san Juan Bautista, con varias teorías al uso entorno al evangelio apócrifo de santa María Magdalena. Son muchos temas de máxima actualidad, esperando pronto plantear en esta tercera novela de Diario del Arte desde Córdoba.
Pero ahora os voy a invitar a leer esta referencia escrita en el año  1893 para la revista La Ilustración ibérica, que tan amablemente Juan ha encontrado en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España, dice así: «Un cartón que representa una Santa Ana, figura en la galería del conde Nicolá, Esterhazy de Viena, el cual lo adquiriño de la ilustre familia westfaliana de Piattenberg, teniéndolo avaramente preservado de las miradas profanas y de las agresiones de los fotógrafos, hasta que, por fin, se ha hecho pública su reproducción. Sabíase que Leonardo da Vinci se había ocupado en un cuadro de Santa Ana, profundamente simbólico (Santa Ana, la Virgen, el Niño y un Cordero), y que este cuadro era considerado como una de las más preciosas obras de aquel genio porteniosamente universal, y más asombroso de cada día a medida que se van estudiando sus manuscritos y dibujos, en los que aparece adivinada casi toda la ciencia moderna. La Academia de Pintura de Londres posee un cartón de Santa Ana, pero muy rudimentario, casi un croquis y no puede compararse gran cosa con la composición de la Santa Ana del Louvre: pero, en cambio, el cartón Plattenberg aparece ser un exactísimo boceto de dicha obra, no correspondiendo, en cambio, a las copias de Santa Ana por discípulos o imitadores de Leonardo que existen en otros museos. Aparte de esto, el cartón Plattenberg es del año 1501, y el de Turín de 1631. El cuadro de Lanino, de 1575.»
El enigma de Leonardo da Vinci – ProyectoGarlo Córdoba
El enigma de Leonardo da Vinci en Caras y Caretas Buenos Aires 1910 – ProyectoGarlo Córdoba
Autorretrato de Leonardo da Vinci – ProyectoGarlo Córdoba
«De toda aquella pléyade de altos y esclarecidos ingenios que hacen del Renacimiento un momento creador y venturoso, donde el espíritu humano emprende su más gigantesco vuelo, es Leonardo da Vinci, quizás el personaje que más interesa. La universalidad de conocimientos y aptitudes de aquel florentino inmenso, sencillamente abruma. La fue todo. Enumeremos: pintor, escultor, poeta, diplomático, músico, arquitecto, ingeniero, químico, matemático, alquimista, filósofo, inventor. La potencialidad de su cerebro lo abarcó todo y en algunos momentos, en inspiración de vidente, rasgó el porvenir. Sus manuscritos, más que obra de mortal, semejan la visión omnisciente de un iluminado.
Hallan -en la Historia de la Literatura en Europa- dice: Esos fragmentos deben ser considerados, fijándonos en la época en que vivió Leonardo, como revelaciones de verdades físicas, concedidas a un espíritu aislado y en resultados de estudios, pues no había base en que poderlos fundar.
Su labor pictórica, de un gran poder enigmático, ha sido la observación constante de artistas y críticos. Este genio extraordinario, a quien difícilmente se te hallaría un paralelo en la historia del mundo, no fue comprendido de su tiempo.
Sólo hubo un hombre – dice M. Peledan – que supo «conocerlo» en toda la magnitud de su grandeza, y es tacha eterna de su vida no haberle querido «reconocer»: Miguel Ángel.
La crítica moderna lo estudia sin cear. En Florencia, una sociedad de «Leonardinos» se dedica con amor a la vida y a la obra del gran maestro, y así, la figura gigantesca de Vinci, al correr de los tiempos, adquiere proporciones increíbles.
M. Paul Vulliaud, en un reciente libro que titula «La Pensée ésotérique de Leonardo de Vinci», pretende descorrer un poco el velo de la obra vinciana, y desarrolla una interesante teoría, basada principalmente en dos cuadros del maestro: Baco y San Juan Bautista, andróginos del museo del Louvre. Según el erudito crítico, Leonardo de Vinci expresó en esos dos trabajos las ideas religiosas y filosóficas de su tiempo, y el Baco no es otra cosa que la figuración simbólica del Verbo, del Mesías helénico.
La obra de Vinci es simbólica; luego el símbolo es el signo sensible pro el cual el artista expresó su idea. Para Vulliaud, de toda la obra vinciana se destacan los dos cuadros citados como testimonio de la filosofía del pintor, y fijándose en las fechas de su ejecución, los mira como la última voluntad del pensamiento del artista.
Baco y San Juan Bautista, andróginos, esas dos maravillas del arte donde el enigmático pensamiento del pintor se reconcentra, han suscitado los juicios más contradictorios, aún los más absurdos. Unos críticos sostienen que la figura del Precursor semeja más una mujer delicada que el rudo y fanático predicador del desierto. Otros afirman que el autor de la Cena no tiene nada de religioso, ni litúrgico, ni cristiano, y en el San Juan Bautista no ven otra cosa que una imagen de la voluptuosidad. Vulliaud, con frase hiriente, llama a esto » la grosera ignorancia de ilustres escritores «.
Si se hiciera un estudio del tipo artístico de Baco entre los griegos, se vería que estuvo en uso un cuádruple modo de expresión, simbolizando las cuatro edades de la vida universal. El emblema de la primavera corresponde a un Baco lampiño, de dorados bucles, cayendo por los hombros. Este es el tipo de andrógino, como le llamo Eurípides Leonardo lo toma en este momento: el pintor moderno corresponde así a Praxíteles que sustituyó las formas efébicas al tipo barbudo del dios.
El Precursor, la obra más soberanamente hermosa que haya salido de la magia de un pincel, no es el San Juan Bautista histórico, predicador del desierto, rudo, fanático; es algo más: la intención del artista fue representar al anunciador del Verbo, y como el Verbo es bello, lo quiso representar con la forma más bella: la Andrógina.
Lo visible, espejo de lo invisible: tal es la teoría del simbolismo platónico; sistema en que la filosofía esotérica de los hebreos y de San Pabro, es decir, de las dos Revelaciones, se encuentran con la Razón. ¿No es este el simbolismo del inmortal Leonardo, realizando el cuerpo visible más bello, que expresa por medio de la forma más bella, movida por el espíritu más divino el Verbo? Evidentemente.
Vinci se asocia así al célebre movimiento conocido bajo el nombre de Humanismo; los más grandes artistas vinieron de este modo, por sus obras maestras, a completar el espléndido período.
Miguel Ángel es un humanista, como lo atestigua su obra literaria. Rafael es un humanista cuando concibe «La Camera della Signatura», «La Seuola di Atene», etc.
Humanista es igualmente, y el más grande de todos, Leonardo de Vinci para la admiración eterna, de los siglos el Bautista y Baco, esas dos figuras tres veces sublimes del cielo étnico-cristiano; este divino Leonardo que, al expirar en los brazos del rey Francisco I de Francia, dejaba escapar el último enigma de su vida: «Pido perdón a Dios y a los hombres, por no haber hecho por mi arte todo lo que hubiera podido…» «
Caras-y-caretas-Buenos-Aires-1910.
Tortola Valencia Julio Romeor de Torres 1915 1917 Coleccion Privada – ProyectoGarlo Córdoba
Retrato de Tórtola Valencia, 1917, Julio Romero de Torres. Colección privada.
Maria Esparza 1915 Julio Romero de Torres. Coleccion privada – ProyectoGarlo Córdoba
Retrato de María Esparza, 1915 Julio Romero de Torres. Colección privada.
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