24 Oct Viajando a Tokio desde Córdoba en noviembre.
Sorpresa nos ha dado Narciso a la familia de Eustaquio, otro sueño a cumplir, viaje al Japón más ancestral donde encontrar
He viajado por motivos profesionales casi por todo el mundo conocido, excepto Japón. Hoy estoy muy contento tras el regalo de mi hermano menor, Narciso, nos ha regalado a Gertrudis, Juan, Gema y a mí, cuatro pasajes con alojamiento en la ciudad de los espejos, Tokio. Desde que regresé a la ciudad de Córdoba he planificado varias veces este viaje, y seguro que mi ayudante bibliotecario, Juan, es el responsable de esta «Odissea» convertida en regalo por Narciso. Estaremos casi todo el mes de noviembre en la ciudad más avanzada del mundo occidental, y el diario será escrito por Rebecca.
Llevamos toda la tarde organizando las maletas porque el viaje es inminente el día 27 de octubre, nos recoge nuestro taxista para llevarnos al Aeropuerto de Córdoba, en destino a Barcelona, y desde aquí destino definitivo Tokyo, pasaje de primera, pues estamos «viejitos» con nuestros achaques, pero este viaje no nos lo queremos desaprovechar. He revisado varias cajas de documentos donde conservo libros del escritor Oteyza, amigo de nuestro pintor Julio Romero de Torres, y unas reseñas para localizar lienzos en varias colecciones particulares que he estudiado a raíz de unas investigaciones publicadas hace décadas sobre el Japonismo en Julio Romero. Estoy muy feliz, y seguro que será un viaje inolvidable.
Además Gertrudis siempre me ha comentado que su primera visita será el museo teamLab Borderless que se encuentra en un espacio de 10 000 metros cuadrados que te permite descubrir cinco mundos diferentes. En su interior verás unas 60 obras de arte digital, creadas a partir de 520 ordenadores y 470 proyectores digitales. Se trata de obras de arte animadas que no dejan de cambiar y evolucionar, que se mueven por las paredes, suelo, techo… la idea es que el arte lo englobe todo, hasta al propio visitante. Esta observación, me sorprendió, pues siempre he considerado a mi estimada amiga muy conservadora, nunca lleva móvil, pero si está muchas horas ante el portátil corrigiendo manuscritos de autores noveles, a los que ayuda para su primer lanzamiento. La última escritora vive en Osaka, Alice Karatsu, siendo una joven muy apreciada en su comunidad, que ha vivido varios años en Madrid para formarse en literatura española en el Instituto Cervantes, a través de unas becas de un afamado coleccionista nipón de Arte Conceptual, amigo de la familia. En el viaje tenemos previsto varias visitas a amistades que han afincado su residencia en Japón por motivos profesionales. Mi buen amigo Petronio, el de los caballos, siempre me habla de un antiguo diplomático francés con el que estuvo destinado en Osaka, y me ha dado sus señas con un regalo para su entrega. Hemos comentado a varias amistades de nuestro viaje en unos días, y han salido más personas que aman el país nipón, añorando su hospitalidad y amabilidad. Yo la verdad que es el único lugar del mundo que no he aterrizado. He estado en China, Corea del Sur, Rusia, Afganistán, Pakistán, Sumatra, Indonesia, y un largo etcétera, pero Japón es la espinita guardada.
Querido lector del presente y futuro si has visitado Japón, escríbenos en comentarios sugerencias. Gracias.
Hace unos años en Córdoba aconteció una exposición relacionándose el japonismo con la pintura de Julio Romero de Torres. Creo muy interesante recordar en este diario del arte, y más con la excelente noticia aparecida en prensa local en la que el mes de noviembre se ha constituido como el mes de Julio Romero de Torres, dando continuidad al 150 Aniversario de su nacimiento, y preparándose para el centenario de su fallecimiento en 2030. Quizás la casa familiar esté visitable y accesible para esta fecha, dios mediante sea así. Bendiciones. Yo todos los dias rezo el rosario, y es una de mis peticiones. Guardo en la caja documental sobre JRT el recorte de prensa publicado en el periódico El Mundo, a continuación transcribo para ti Lector/a: «Antes que a la mujer cordobesa, Julio Romero de Torres pintó a la japonesa. Una realidad que ha sorprendido conocer a todos cuantos estos días visitan la exposición ‘Bijin (mujeres hermosas en japones), el japonismo de Julio Romero de Torres’ en el Museo de Bellas Artes de Córdoba.
La influencia japonesa, a través de sus grabados, en los grandes pintores de las últimas décadas del siglo XIX, a partir de los impresionistas, se dejó notar también en un jovencísimo Romero de Torres, a quien se le encargó decorar un salón del antiguo casino militar de Córdoba a la japonesa. El pintor de La chiquita piconera recibió este encargo en un contexto donde la moda por lo japonés lo invadía todo. Con este trabajo supo demostrar que estaba al corriente de las influencias y modas artísticas del momento, que conocía la pintura europea y que había sido capaz de asimilar con maestría los principios del arte japonés a la pintura española.
El cuadro, que permanecía ignoto y que se ha convertido en el verdadero protagonista de esta exposición, fue una pieza más de esa decoración a lo japonés. Con forma alargada, la pintura presenta a una geisha y su asistenta desfilando con quimonos muy llamativos y el peinado recogido. Todo dentro de una orla floral de estilo modernista, con flores de loto y crisantemos que dan muestra de cómo los elementos vegetales eran muy abundantes en el arte japonés.
En esta obra, datada en torno al año 1900, Julio Romero de Torres pinta a la mujer japonesa haciendo una síntesis del arte japonés que conoce en un estilo completamente diferente al que nos tiene acostumbrados. David Almazán, comisario de la muestra, explica que «se trata de un estilo muy plano, con unos colores muy brillantes y una temática totalmente ajena a la representación de la Andalucía en esencia. Ni el flamenco ni sus modelos cordobeses pueden adivinarse en este cuadro. El estilo que adopta es totalmente diferente al que nos presenta luego en sus obras maestras».
De hecho, la temática de este cuadro sólo se explica, apunta Almazán, por esa moda de lo japonés que había en la juventud del pintor cordobés y que afectó a todos los intelectuales de la cultura española a pesar de tener Japón muy lejos. «Cuando pensamos en Japón rememoramos Madama Butterfly o en la ensoñación de la geisha. Para un japonés no hay una obra más representativa del arte español que la de Julio Romero de Torres, señala el comisario de la exposición.
Este cuadro ha sido cedido para la ocasión por un coleccionista privado de Córdoba, Cristóbal Cañete, y restaurado también con motivo de la muestra por el Museo de Bellas Artes de Córdoba. Es la única obra de corte japonesa que se conoce hoy día del pintor cordobés. Julio y su hermano Enrique se encargaron de decorar parte del Casino Militar, entonces ubicado en los bajos del palacio de los marqueses del Boil, en la calle Gondomar (donde hoy se encuentra Zara), con un lienzo de claro corte japonés.
Conmemora la primera embajada japonesa que visitó Córdoba en 1614 y está dedicada al humanista japonés Sizuo Kasai, que visitó la ciudad en febrero de 1928, dejando testimonio en el libro de firmas del Museo de Bellas Artes.
Como explica David Almazán, sean elegido a los autores más significativos de la época de Romero de Torres para mostrar cómo el tema de la belleza de la mujer en Japón era muy importante y también porque «las poses de las modelos en la vida cotidiana del pintor cordobés se parecen mucho a las estampas japonesas que nos las presentan también de este modo».
De aquel lienzo, sólo queda esa parte expuesta, que ya fue catalogada hace 20 años por la directora del Museo de Julio Romero de Torres, Mercedes Valverde, así como otra pieza más de idéntico tamaño (1,80 metros por 80 centímetros) «que representa una escena de baño de dos mujeres de espaldas», explicó Valverde.
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